A la posverdad se le ven los hilos

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La realidad cotidiana pesa más que cualquier operación. Todavía faltan voces que la expliquen de manera convincente, emotiva y movilizante.

 

¿Qué tienen en común la “pileta” pintada por el gobierno de la ciudad,   la foto “casual” de Vidal en la juguetería o el “mani pulite” contra los sindicatos? Todos ellos sirven para ejemplificar: para el macrismo, política y puesta en escena son casi indisociables.

Una estrategia lógica si se cuenta con el favor (para decirlo de manera breve) de los medios para una fuerza de oposición o para una situación de campaña. Una estrategia que podría prorrogarse desde el gobierno con resultados beneficios mientras el resto del arco político sigue sin adaptarse al nuevo escenario. Podría, en potencial, si su relato tuviera algún anclaje en la realidad.

Ese es el problema mayor de la alianza gobernante, la fisura por la que comienza lentamente a hacer agua. Lo que le funcionó hasta hace muy poco, hoy es percibido como falso, divorciado de la realidad, equivocado en el mejor de los casos, desde la percepción de enormes franjas de su propio electorado no núcleo duro.

Mientras se prologue la protección mediática, de mantenerse más o menos estable la macro, la pérdida será por goteo. Pero esto último, después de los recientes movimientos del dólar, es incierto. Al enojo reciente de jubilados presentes y futuros debemos sumar ya el de usuarios de electricidad sin suministro, el de tomadores de créditos UVA que se sienten cada día más apretados o los despedidos de Fabricaciones Militares en Azul, ciudad donde Cambiemos se impuso rotundamente.

Para estos grupos, que no son colectivos organizados sino portadores de demandas puntuales, lo que hace poco hubiera resultado simpático o pasado desapercibido, hoy aparece claramente como maniobra distractiva o cortina de humo, de la pileta a las denuncias a Santa María o Moyano, del reciente llamado del presidente a no endeudarnos a los perversos manejos con la salud del ex canciller Timerman.

¿Qué falta? La articulación entre todas esas demandas, para construir un colectivo potente. El proceso de comprensión de causa y efecto: en un modelo colonial como el vigente, no hay empleo ni jubilaciones ni servicios públicos sino virreyes y víctimas. Un nuevo punto de acumulación, que tome de base las mayorías peronistas kirchneristas de los últimos años pero pueda interpretar, convencer y conmover a otros sujetos, como los mencionados párrafos arriba.

Esa figura –o esas figuras- deben ser capaces de interpelar tanto a los sectores más postergados como a las capas medias utilizadas y desencantadas del macrismo. Debe ser intachable, para permanecer a salvo de las ofensivas mediático judiciales y de inteligencia que lo acecharán apenas empiece a caminar. Debe articular un discurso simple, breve, contundente y emocional sobre lo que hay en juego, que es nada menos que la disyuntiva entre Patria o colonia, porque como experimentamos en los noventa, no hay versión amable ni prolija del consenso de Washington. Todas matan.

Mientras tanto, la efectividad de las posverdades de call center caerá en la misma proporción que la calidad de vida de los argentinos. En algún momento, dañará seriamente la gobernabilidad. Por eso no hay que perder un minuto.

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