Cannabis medicinal, un derecho para todes.

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Por Marcelo Torres, Diputado Provincial M.C. @marcelotorresok

La siempre redituable industria del miedo, que tiene como objeto impedir el acceso a los derechos básicos, ha recibido una paliza memorable: el gobierno legalizó el autocultivo de cannabis para uso medicinal. Detrás de esta excelente noticia, no olvidamos el drama de quienes sufrieron el oprobio de la cárcel por sólo querer mejorar su calidad de vida; tres ejemplos entre miles: Damián Raña, detenido por cultivar cannabis que usaba para mitigar su dolor por un accidente; Maximiliano Retamal, paciente de epilepsia refractaria; y a Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva. Valga también el agradecimiento a los colectivos cannábicos que pusieron en agenda el tema y lograron que la política atienda la problemática.

En los hechos, el Gobierno, a través del Decreto 883/2020, autoriza el autocultivo y el cultivo solidario para la personas que se registren en el Programa Nacional de Cannabis (REPROCANN), sean pacientes, familiares de pacientes o una organización autorizada. Además, especifica que las obras sociales y las prepagas deben asegurar el acceso a sus afiliados, en tanto que quienes no tengan cobertura sean atendidos por el Estado. La reglamentación dispone “la creación de una red de laboratorios públicos y privados asociados que garanticen el control de los derivados producidos”, convocando a universidades, los organismos científicos y de salud de la nación, y a las organizaciones civiles dedicadas al tema. En este punto, tenemos el orgullo de haber realizado, en el año 2017, el Primer Congreso de Cannabis y Salud en la Argentina, que contó con el apoyo y la participación, entre decenas de instituciones nacionales y extranjeras, de la Universidad Nacional de La Plata, cuyo personal científico es considerado de vanguardia en América Latina.

La ley 27350, aún vigente, sancionada por unanimidad por el Senado de la Nación, careció de existencia efectiva porque necesitaba de un Poder Ejecutivo que le pusiera el cuerpo, habilitando la investigación y la promoción de los beneficios de la planta; cuando se reglamentó la norma, el gobierno macrista dejó en la clandestinidad al autocultivo, rechazó el impulso a la ley, y circunscribió el uso del cannabis medicinal a una sola patología. Una fabulosa venta de humo, una mentira acorde a la moral de la anterior administración, acostumbrada a restringir los derechos de las mayorías. Para saldar este cuestión de forma definitiva, se está trabajando en varios proyectos de ley. Estos se enfocan en la regulación de toda la actividad y ponen especial énfasis en la producción autóctona, para generar una industria limpia y sustentable, que abastezca al mercado local y exporte al mundo.

En la actualidad, el mercado global del cannabis legal mueve mas de USD 40.000 millones; consecuentemente, la fórmula es altamente beneficiosa, ya que por un lado promueve derechos y acceso a una mejor calidad de vida, y por el otro, será una fuente importante de divisas duras, tan necesarias para el desarrollo nacional.

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