CHILE DESPIERTA

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Por Facundo Ojeda. Licenciado en Relaciones Internacionales.

Este domingo 25 de octubre, se llevará a cabo en Chile la consulta popular más importante desde su vuelta a la democracia. La sociedad chilena se encuentra movilizada en plena pandemia por un plebiscito constitucional que intentará cerrar décadas de desigualdad.

Escribo este artículo con el fin de explicar de manera breve la historia de lucha del pueblo chileno para reducir la brecha de desigualdad que se vive el país andino.

Corría el miércoles 5 de octubre del año 1988. Chile era llamado a votar en un plebiscito con dos opciones: SI o NO. Las fuerzas de la dictadura que apoyaban el SI y todo el aparato estatal, así como los medios de comunicación, radios, revistas, TV, etc., eran manejados por la junta militar producto del cruento golpe de estado de 1973. La represión era dura y brutal, las violaciones a los DDHH eran constantes, y la censura a los medios opositores era algo habitual.

Ese día histórico, el pueblo chileno votó por el NO, demostrando al mundo entero que se podía salir de una dictadura, brutal, asesina, torturadora, sin armas, y con solo la fe y el poder que da la razón. Los chilenos cumplieron con su deber cívico dejando atrás los espantos y horrores vividos por tantos años. En ese triunfo, Chile daba a conocer que su potencia emancipadora seguía latente; también, que tarde o temprano, el corset de una constitución limitada en tanto derechos e inclusión, comprometería su futuro.

Así es como el malestar comenzó en los chilenos de a pie: los gobiernos que sucedieron al asesino Pinochet sólo cambiaron las formas, pero no el fondo: nunca decidieron desmontar o siquiera moderar la matriz económica, que no se movió un ápice de la herencia neoliberal; de hecho, a pesar de lo que venden los personeros de los ajustes perpetuos, Chile, luego de 30 años de democracia condicionada, sigue teniendo cifras sociales que similares al África subsahariana.

Hoy como ayer, las memoria de las luchas siempre están vigentes en los pueblos, y una vez más, fueron los jóvenes, como sucede en toda batalla cultural, quienes demostraron,que ellos no estaban dormidos y con visión y esperanzas de construir algo mejor para todos, salieron a la calle a exigir justicia, dignidad e igualdad.

Esa agitación de la juventud le arrancó a las élites el plebiscito. Este domingo es la oportunidad de una solución pacífica para el problema del país hermano, reafirmando la intención de redactar un nuevo contrato social, que incluya una descentralización del sistema político y la introducción de mecanismos formales de consulta ciudadana y referendos. Y, centralmente, que garantice los derechos de los obreros y sindicatos, que consagre la atención médica y la educación como derechos fundamentales y gratuitos, que asegure la igualdad para las mujeres y otorgue mayor autonomía a los pueblos indígenas.

GLOSARIO: el plebiscito decidirá si la Constitución de 1980, vigente desde 1980 y redactada por la dictadura, sigue o no siendo la Carta Magna de Chile. Hay 14 millones de ciudadanos habilitados para responder “apruebo”, que habilitará el proceso de reforma, o “rechazo”, que mantendrá el status quo.

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