Emprendedorismo o cómo vender la precarización laboral en tiempos de pandemia

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La precarización laboral, también llamada “uberización”, es un caramelo de madera duro, amargo y difícil de tragar. Por eso se presenta envuelto en un papel vistoso, el de la aventura de emprender y el camino hacia la realización personal. 

Las organizaciones empresarias y sus aliados políticos vuelven a insistir con la reforma laboral. ¿Los derechos consagrados por ley? ¿Los convenios colectivos? Esa te la debo.

Por Dina Feller 

Las relaciones laborales son vertebradoras de las discusiones públicas. Reconocidas o no, plantean profundas y permanentes tensiones que no escapan ni a los grandes medios, ni a los debates políticos, ni a las mesas familiares. Es tema de todos los días, incluso cuando no hay estallidos ni conflictos. 

En este sentido, no caben dudas de la existencia de una agenda antisindical, poco novedosa -pero no por eso poco utilizada- que, instalada en los medios, tiene un correlato en el martilleo del sentido común, hoy en versión analógica y digital. 

Esta agenda contempla un elemento estable que es aquel que tiene por función el desprestigio de las organizaciones sindicales, de sus acciones y de quienes las dirigen, pero no se agota allí. Ahora también posee un elemento propositivo capaz de exhibir su creatividad en el avance normativo donde cuestionarán el campo del derecho laboral y las legislaciones vigentes. Los empresarios, y sus organizaciones, siguen promoviendo en los medios lo que aún no logran aprobar en el Congreso. 

En 2017 el gobierno de Mauricio Macri envió al Congreso su proyecto de reforma laboral. Como un ciclo que vuelve cada cierto tiempo, el eje de la propuestas es la “reducción de costos laborales”. 

En esta versión de Juntos por el Cambio, aparecían señales discursivas que merecen cierta atención: “promover la liberación de las fuerzas de producción y del trabajo de todos aquellos mecanismos regulatorios y fenómenos distorsivos que impidan el desarrollo de las empresas como comunidades productivas, innovadoras, eficientes y competitivas”. 

La iniciativa fallida, ocultaba la asimetría originaria de las relaciones laborales usando un espejismo de horizontalidad: “cooperación y colaboración entre las partes para promover la actividad productiva y creadora”. En esta concepción, trabajadores y trabajadoras son entes tan libres como abstractos, autónomos e independientes, mientras que los empleadores ya no son sus responsables ni los atan compromisos ni obligaciones. En el nuevo fluir laboral, no hay lugar para el conflicto ni el chantaje. Ergo, el fraude laboral ya no sería fraudulento. 

Andrés “Andy” Freire, es el gurú del emprendedurismo PRO. Fue legislador porteño y ministro de Modernización, Innovación y Tecnología de la Ciudad. Su frase de cabecera es “en el camino emprendedor, el único fracaso es no haberlo intentado”. Freire y su performance fueron piezas claves para la construcción de legitimidad del proyecto frustrado que intentó aprobar el gobierno de Juntos por el Cambio en 2017. Como todo eso no fue suficiente, hoy van de vuelta. 

Semanas atrás, Roberto Lavagna presentó un documento llamado “Pilares de un Programa de Crecimiento con Inclusión”[1], que retoma la idea de liberar las fuerzas productivas en el marco de un nuevo sistema laboral. 

En simultáneo, el diario La Nación publica un largo artículo donde describe seis historias de trabajadores y trabajadoras de distintas especialidades que se plantearon una salida individual ante la catástrofe, y que desconoce cientos de casos de trabajadores enormemente afectados y que están buscando una salida colectiva. En la extensa nota relatan cómo están invirtiendo el dinero de los retiros voluntarios en cumplir sus sueños: ¡al fin se liberaron de las ataduras de las relaciones formales del empleo! 

La nota se centra en el “pase de pantalla” y en cómo salieron ganando en salud mental con un pretendido triunfo, a partir de una situación inicial de pérdida y derrota [2]. ¿Usarán el mismo espacio para informar a la opinión publica cómo les va a los emprendedores en los próximos meses?

No sorprende que La Nación omita por completo que en esas mismas fechas, trabajadores y trabajadoras de las mismas especialidades están movilizados en las calles exigiendo la continuidad laboral y resistiendo el vaciamiento de la empresa. Quienes no han tomado caminos de salida individual y quieren seguir trabajando en la industria se las ingenian vendiendo hasta las bicicletas de sus hijos para poder sobrevivir, pero La Nación nada dice de ellos, no califican como emprendedores. 

La pandemia como “oportunidad” 

Según la OIT, el COVID arroja alarmantes cifras respecto al subempleo y desempleo, afectando el salario y las condiciones laborales, con impacto desigual en los grupos más vulnerables, afectando de forma desproporcionada a las mujeres [3]. 

Desde el inicio de la pandemia, las estrategias empresarias han sido de amplio y predecible espectro. De acuerdo al estudio de Basualdo y Peláez “Procesos de conflictividad laboral en el marco de la pandemia del COVID-19 en Argentina (marzo-mayo 2020)”, los empresarios ejercieron, desde el inicio de la pandemia y hasta la actualidad, presiones brutales sobre el estado y sobre la sociedad para transferir los costos de la crisis a los trabajadores, cargando en sus espaldas la caída de la actividad económica con programas de despidos, cese de pagos y suspensiones, exigiendo que se trabaje en condiciones deficitarias de seguridad e higiene que incrementan notablemente el riesgo sobre la salud y la vida. Otras estrategias fueron las de lock out y amenaza de trasladar la producción a otros países, para amedrentar a los trabajadores y sus organizaciones sindicales.[4] 

Sin ningún pudor, los más elocuentes empresarios han expresado que la pandemia es una oportunidad para implementar antiguos anhelos y planes de reducción de los costos. El chantaje laboral aparece en la escena. “Si quieren seguir trabajando tendrá que ser bajo estas nuevas -y peores- condiciones”. 

¿Un camino individual para los problemas colectivos? 

Quedarse sin trabajo siempre es muy traumático. Lo fue en la década del 90, lo fue en los años previos y posteriores a la crisis de 2001, lo es ahora, lo será en el futuro. El desempleo tiene consecuencias devastadoras sobre los trabajadores y trabajadoras en su ámbito familiar y en el terreno sociocultural. El efecto disciplinador es insoslayable. 

Una reforma laboral que arrase con los derechos y las garantías existentes requiere, como toda hegemonía, de algún nivel de consenso que se construye sumando a la agenda antisindical nuevos elementos como la resiliencia y reconversión (mecanismos propios de la esfera individual) en contraste con la patología de “aferrarse a lo viejo”, cerrando el cuadro con la escena donde el sol sale cuando aprendemos a vivir sin conflictos en la incertidumbre. Dos caras de una misma moneda, el precariado y el emprendedurismo enlazados por un régimen en ascenso de la uberizacion y el capitalismo de aplicaciones.

El retrato de los trabajadores y trabajadoras de La Nación no solo habla del presente sino que alude peligrosamente al futuro. Son dignos de La Nación porque han entregado en un mismo acto, junto con su “relación de dependencia”, sus posibilidades de brindarse colectivamente con sus pares, construyendo organización y defendiendo las conquistas que han gozando durante sus años de empleados. 

[1] https://drive.google.com/file/d/1vtfffnaOAOwDJAplGBrJEshetRkR2qRz/view 

[2] https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/reconversion-laboral-exempleados-latam -se-unen-volar-nid2415199 

[3] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@dcomm/documents/briefingnote/ wcms_749470.pdf 

[4] DT sobre Conflictividad en el marco del COVID 19- V_ Basualdo y P_ Peláez- Programa “Estudios del trabajo, movimiento sindical y organización industrial” Área de Economía y Tecnología de FLACSO Argentina Junio 2020 

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