Energía, tarifas, zonceras y contrazonceras

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La energía estaba muy barata

 

Para saber si un bien o servicio está caro o barato, debemos conocer su costo de producción. Que una cifra “suene a poco” no significa que ese bien o servicio esté barato. Lamentablemente, es difícil conocer el verdadero costo de producción de la energía, porque las empresas se empeñan en ocultarlo, aún en el marco de las audiencias públicas.

 

No se podía seguir regalando

Las tarifas de los servicios públicos, junto con el salario (que es el precio del trabajo), las tasas de interés (el precio del dinero) y la cotización del dólar, conforman los denominados precios relativos, que en conjunto definen un rumbo económico y un sector beneficiado.

 

Lo que algunos despectivamente llaman “regalo”, era una política pública. El subsidio a la energía, en la etapa anterior, hacía de salario indirecto, que permitía inyectar más recursos en el mercado interno: consumo popular, inversión de las pymes, generación de empleo y vuelta a empezar. La política de este gobierno va en sentido inverso: aumento casi confiscatorio de tarifas, pérdida de competitividad de las pymes, despidos, caída del consumo y vuelta a empezar.

 

Las facturas de servicios públicos pasaron de representar un 3-4% del ingreso del asalariado promedio al 25-30% y más del 35% en el caso de los jubilados. Esto explica que las familias se vean con menos recursos y eviten todo gasto que no consideren esencial. Algunos caen en la “pobreza energética”: deben restringir consumos alimentarios o de medicamentos para evitar el corte de servicios. Los tarifazos tienen un efecto recesivo que impacta en toda la economía.

 

Estamos en crisis energética

La motivación de los tarifazos es mucho más fiscal que energética. Se trata de reducir el impacto de los subsidios en el presupuesto nacional, no de invertir en la matriz energética. Una de las primeras medidas del actual gobierno, a fines de 2015, fue reducir drásticamente las retenciones a las exportaciones y el impuesto a los bienes personales; es decir, dejar de cobrarles impuestos a los que más ganan. Sin ese dinero, los subsidios al consumo de energía se convierten en un problema para el Estado.

 

Desde entonces, el Estado cubre ese agujero autogenerado con deuda externa. Pero la deuda acumulada genera intereses. Entonces el gobierno debe recortar cada vez más partidas para pagar cada vez más intereses.  

 

Ahora invierten para que mejore el servicio

Las inversiones se redujeron, por eso siguen los cortes. Lo único que aumentó fue la rentabilidad de las empresas y la concentración del sector. La rentabilidad, única en el mundo, queda expuesta con las fortunas off shore de sus dueños, los amigos del presidente Nicolás Caputo y Marcelo Mindlin. El actual nuevo dueño de Edelap, lleva un año comprando empresas energéticas más pequeñas del interior de la provincia de Buenos Aires: el pez grande se come al pez chico.

 

Esto no es casualidad, es un modelo de gestión que se repite: desde el Estado se beneficia a una empresa privada de un amigo del gobierno para otorgarle una posición dominante o un beneficio excesivo, como ocurrió con Autopistas del Sol de Socma o ahora con Farmacity de Quintana.

 

Este es el último tarifazo, después sólo acompañarán la inflación

Como las causas de la medida son fiscales y no energéticas, mientras aumente el impacto de los intereses de la deuda sobre el presupuesto nacional, seguirá habiendo recortes de subsidios y aumentos de tarifas. Y el gobierno se empeña en seguir endeudando al país.

 

Y, si fuera cierto, como nada indica que la inflación vaya a ceder, tampoco se puede esperar que cedan las tarifas. El dólar y el combustible son dos variables cuyos movimientos se trasladan a todos los precios de la economía. El primero le resulta difícil de dominar. Al segundo, directamente renunciaron.

 

El gobierno implementó la tarifa social para cuidar a los sectores vulnerables, la protesta es un capricho de clase media

Los tarifazos impactan en el conjunto de la sociedad. La garrafa que compran los que no tienen gas de red también aumentó. Tanto la garrafa social como la tarifa social tienen un alcance mínimo, que las vuelve simbólicas. Otro ejemplo es el de los electrodependientes: la ley que los defiende está sancionada, pero el gobierno demora su reglamentación e implementación. Una vez más, el gobierno dice una cosa pero hace otra. Los sectores populares también sufren porque el tarifazo destruye la economía informal, al “secar la plaza”.

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