LA MARIPOSA Y LA ABEJA

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(Por Daniel Roncoroni)

Boxeador, militante, poeta. No hubo, no habrá estilo comparable en su peso. El tipo medía 1,93 mts., pesaba entre 90 y 95 kilos y se movía como un liviano. Danzaba, se reía, pegaba y hablaba más rápido que nadie. Un caso testigo para considerar que el boxeo es, fue, un deporte.

1-De común los negros esclavos recibían nombres que referían a sus dueños; el caso de Cassius Clay difirió levemente del sino: el homónimo que le eligieron fue el de su padre, que a su vez lo heredó de un político abolicionista del siglo XIX, Se sacudió el peso del legado a los 22 años nombrándose como Muhammad Alí cuando se unió a la Nación del Islam, organización política y religiosa para los hombres y las mujeres negras.

2- Antes, cuando Clay, peleaba por monedas en torneos que la época fordista promovía. Nacía la época gloriosa del box y la discusión sobre su deportividad. Y también: el ascenso de la clase obrera, la revolución sexual y la lucha por Ios derechos civiles. El mundo como un escenario montado adrede para Alí: ganó todos los premios de su Kentucky natal, tres premios nacionales y la medalla de Oro en Juegos Olímpicos de Roma.

3- Entonces decía: “Vuelo como una abeja y vuelo como una mariposa”. Enseguida supo por dónde iba la cosa y que nos iban a llenar de espectáculos, el nuevo y definitivo sometimiento que habían encontrado para sujetamos. Desafió al entonces campeón, Sonny Liston (ex convicto que pegaba como vivía, futuro culata de la mafia), con frases como “el hombre necesita lecciones de boxeo. Y puesto que él va a pelear conmigo, necesita lecciones de caer'”. Liston era favorito 8 a 1; ningún periodista especializado daba ganador al retador. Se lo cargó con sus dos nombres: primero como Clay, cuando se coronó campeón, y en la revancha, un año después, como Alí.

Break. Se interrumpió, era cantado, el idilio de posguerra. El consenso estalló en mil pedazos tanto por la represión interna hacia los grupos que luchaban por la universalización de los derechos civiles como por la Guerra de Vietnam. Millones de estadounidenses reclamaban el fin de la segregación y de la locura imperial. Y donde había que estar estuvo nuestro campeón que, al ser enlistado para el ejército yanqui, desertó con una frase memorable: “Ningún vietnamita me llamó negro”. Técnicamente se declaró “objetor de conciencia” por ser ministro de la Nación del Islam. Veloces como los cazas que sembraban napalm para que creciera la muerte, juzgaron al campeón a 5 años de prisión, a U$S 10000 de multa, y le quitaron su pasaporte, y le prohibieron boxear. Apeló. Fin… ¿fin?

4- En 1970 lo indultaron, y a pesar de tres derrotas el camino se le allanó para recuperar el cetro mundial, al lograr el título norteamericano. En tanto, a un fabuloso boxeador los muñecos le duraban segundos: George Foreman, el nuevo campeón mundial y menor en 7 años a Muhammad. Un tipo llamado Don King los juntó, armó un show artístico-político de soporte, lo llamó “El combate del Milenio” y partieron para Zaire, país gobernado por un dictador de fuste, Mobutu. Junto a los boxeadores viajaron James Brown, B.B. King Celia Cruz, Norman Mailer, entre otros. Más de un mes de funky, blues, jazz, salsa y jabs, ganchos y cruzados para los nativos. Y de Alí embelleciendo el mundo: “Soy tan rápido que anoche apagué el interruptor de la luz en mi cuarto del hotel y estaba en la cama antes de que él cuarto estuviese a oscuras”. Era el Iocal, el que representaba a la negritud que lo recibió al grito de “Alí bomayé’ (Alí mátalo). Y en el octavo round, una serie de golpes hicieron rebotar a Foreman contra las cuerdas, y luego una izquierda y una derecha como puñal lo enviaron a la lona. De nuevo, de pie, el “Gran Bocón” era campeón Mundial de los Pesos Pesados.

Luego la vida, la persistente militancia por la dignidad y la más corta y bella poesía del mundo (a decir de George Plimpton; que es, claro, de Alí): “Yo, nosotros”.

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