“La pandemia demostró el valor de la organización comunitaria”

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Bajo el lema “La ternura será ley”, la Diputada Nacional Claudia Bernazza presentó un paquete de tres proyectos de ley que responden a necesidades concretas de las organizaciones sociales y comunitarias de niñez. “La organización comunitaria debe ser declarada de interés público”, sostiene.

-¿Cuál es el contenido de este paquete de leyes?

Uno, un régimen laboral específico para los trabajadores de organizaciones comunitarias, porque acá hay mucha ternura pero también mucho trabajo, no siempre visibilizado ni reconocido, porque a las organizaciones les cuesta registrar a sus trabajadores. Dos, un Instituto de la Organización Comunitaria, que funcione como ventanilla única y asesore y acompañe a las organizaciones en sus trámites y gestiones, porque a las organizaciones se les va mucho tiempo valioso en tareas engorrosas. Tres, reconocimiento y fortalecimiento de las respuestas comunitarias de convivencia y acompañamiento. La experiencia demuestra que sólo el vínculo afectivo estable con un adulto presente en la infancia hace que los pibes después tengan un proyecto de vida y esos vínculos suelen darse en las respuestas comunitarias. Esta ley es para que el Estado, antes de tomar ninguna otra medida, se comprometa a favorecer, respetar y fortalecer esas respuestas comunitarias. 

En síntesis, queremos que la organización comunitaria sea declarada de interés público, porque es un aliado del Estado en el cumplimiento de la ley y pilar de un nuevo modelo de desarrollo nacional.

-¿Qué rol jugaron las organizaciones en la elaboración de los proyectos?

Los proyectos son el resultado de la participación de las propias organizaciones, que han sido las grandes protagonistas de su elaboración. Yo pertenezco a una de ellas, “Chicxs del Pueblo”, que reúne a seiscientas organizaciones entre centros culturales, comedores, casas abiertas, clubes de barrio, bibliotecas populares, etc. y tenemos vasos comunicantes con muchas otras, en algunos casos desde 2007.

-¿Cómo influyó la pandemia?

La pandemia abrió una ventana de oportunidad para que se reconozca y se revalorice su trabajo. Lamentablemente, la mirada que reciben todavía es más de carácter filantrópico o de beneficencia que de justicia social, pero hay que seguir dando esa batalla. No creo que haya cambiado el discurso descalificador respecto del pobre, el planero o que no trabaja el que no quiere, pero al menos se puso en valor el rol de las organizaciones comunitarias.

-El observador extranjero se sorprende de la densidad y riqueza de nuestro tejido social, ¿cómo se puede explicar el fenómeno?

Hay mucha densidad en el tejido social de nuestro país, a pesar de los serios intentos de desarticularlo, primero en la dictadura y luego en los noventa. Yo recato especialmente el entramado de los conurbanos de la provincia de Buenos Aires, donde las parroquias, los cultos, los clubes, han sido el fruto del trabajo de gran cantidad de migrantes, sean de las provincias, los países limítrofes o europeos, que no sólo trajeron sus costumbres, vestimentas y cocina sino sobre todo su impronta colectiva o comunitaria, generando incluso hasta sus propios barrios. En la región también hay de esto pero menos. Yo creo que en parte esto se explica por el paso del peronismo, que favoreció enormemente el desarrollo comunitario.

-¿Cómo impactan estas organizaciones en la forma de vida de los chicos y adolescentes?

Más que mejorar la calidad de vida, lo que hacen es proponer una forma de vida basada en otros principios, comunitarios y solidarios, en oposición a otras más cargadas de individualismo o consumismo.

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