Marechal en la grieta (o cómo los escritores antiperonistas invisibilizaron el Adán Buenos Ayres)

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Rolando Pérez, dramaturgo y guionista, autor de la novela “Pinchus”, explica en estas líneas como influye en la valoración de una obra literaria la posición política de su autor. Afortunadamente la historia, lenta pero incansable, devuelve a cada escritor su verdadera dimensión.

BIOY: «A Molinari le importa sacar un premio, porque le confirma su realidad. Nunca uno está muy seguro de ser real». BORGES: «Es verdad.Continuamente hay que defenderse del sentimiento de irrealidad. Y más cuando durante tantos años le quisieron probar a uno que uno no existía: no había más que Ponferradas, Castiñeiras, Marechales.

(Borges, Adolfo Bioy Casares, 2006)



El Adán Buenosayres es una de las grandes novelas latinoamericanas. Su influencia no ha hecho más que crecer desde el redescubrimiento de Marechal en los años sesenta del siglo pasado. Abelardo Castillo, en su libro Ser Escritor, afirma que la santa trilogía de la literatura argentina está formada por Borges, Arlt y Marechal. La monumental novela se estudia ahora no sólo en toda Latinoamerica, sino en universidades de Alemania, de Francia, de España y de EEUU. Podemos suponer (y yo así lo espero) que cada día que pasa hay un nuevo lector de Marechal. Quizá con el tiempo deje de ser un escritor para escritores, tal como lo definió el gran crítico cubano, Ernesto Sierra. Ojalá. Pero el tema de estas notas no es el análisis de la creciente visibilidad que la obra de Marechal va cobrando desde hace unos años, sino entender cómo determinadas elecciones políticas afectan, al menos en parte, la resonancia de una obra de arte más allá de su calidad evidente. He dicho en parte porque en el caso de Marechal hay que tener en cuenta dos aspectos: uno de orden social y otro privado. El social, el más conocido, es su apoyo y adhesión al primer peronismo. Algo muy común para los intelectuales que, como él, habían vivido con esperanza la experiencia yrigoyenista. Lo mismo sucedió con Scalabrini Ortiz, Jauretche, Manzi, y Discépolo. Para nombrar sólo a los más representativos. El otro orden, el privado, está ligado a los sentimientos que su novela pudo haber provocado dentro del grupo de sus antiguos amigos de la revista Martin Fierro cuando se vieron representados en los personajes del Adán Buenosayres que deambulan por la ciudad junto al protagonista, sin dudas, un alter ego del propio Marechal. Los dos epígrafes que encabezan esta nota pretenden abarcar ambos espacios.

Según lo que podemos leer en el libro póstumo de Bioy, titulado simplemente Borges, todas las referencias a Marechal son negativas. Pero el problema es que esa especie de protoevangelio borgeano comienza su registro en el año 1948, es decir, cuando la experiencia de bohemia juvenil que vivieron Borges y Marechal, junto a Scalabrini Ortiz, Girondo, Xul Solar y otros, ya tenía más de veinte años de concluida. Mucha agua había pasado bajo el puente. Y sobre todo, las del incorregible río peronista. Pero hubo otro tiempo.

Un tiempo en el que Borges podía escribirle una carta a Marechal como la que transcribimos aquí: “querido Leopoldo: la felicitación pública por tus Días como flechas la hará nuestro gran don Ricardo (Güiraldes); y no quiero dejar de felicitarte privadamente. Tu libro, tan huraño a mis preconceptos, teoría y otras intentonas pretenciosas de mi criterio, me ha entusiasmado. No te añado pormenores de mi entusiasmo, para no plagiarte, pues todavía estoy en el ambiente de tus versos leídos y releídos. Sin embargo ¡qué versos atropelladores y dichosos de atropellar, qué aventura para la sentada poesía argentina! Vuelvo a felicitarte y me voy.”

Esta carta es del año 26, después vendrían otros tiempos y otras cosas: un viaje a Europa; el amor; el codiciado Premio Nacional de Poesía del año 40; su simpatía con la política que casi todos los escritores de su generación repudiaron; la muerte del amor; la publicación en el año 48 del Adán, su novela más importante y la crítica sangrienta que le dedica el grupo Sur en la persona de Gonzalez Lanuza ; y luego del 55 el silencio, el largo silencio al que lo condenan toda la intelectualidad que festejó la caída del gobierno popular. Habrá que esperar la década esperanzada de los sesenta y al Boom para redescubrir un escritor fundamental para nosotros. Un escritor peronista. El escritor del Adán Buenosayres.

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