Piti x Gary

Compartí en tus redes sociales:
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Share on Facebook
Facebook

“Espero que la experiencia de la pandemia nos ayude a interpretar algunas cosas de otra manera”, dice Juan “Piti” Fernández, de Las Pastillas del Abuelo, entrevistado por nuestro compañero Gary Castro. Una banda que crece sin perder su esencia y un frontman que brilla pero no se marea.

-¿Cómo llevás la cuarentena?

-Bastante bien. Nosotros somos muy viajeros, estamos mucho en la ruta, mucho fuera de casa. De manera que a mi, en lo personal, no me pesa estar adentro, para nada. Al contrario, hasta es sanador pasar más tiempo en familia. Lo que me preocupa un poco más es la situación de algunos muchachos que trabajan con nosotros.

Una banda como Las Pastillas es una pyme…

-Exacto. Nosotros somos una pyme de la que viven más o menos veinte familias si contás plomos, sonido, luces, escenografía, etc. Y no todos pueden acceder a la ayuda estatal porque algunos no tienen monotributo o les falta algún papel. Entonces tratamos de bancar nosotros, pero no es fácil. Lo que nosotros podemos aportar es como una compra fuerte de supermercado, pero con eso no tiras un mes. Hace falta algo más.

-Hablemos de los inicios. Ustedes explotaron allá por 2002, 2003…

-Si. En esa época éramos una banda más fiestera, más dionisíaca, más sexual si querés. La gente venía a bailar y a conocerse, de levante. Yo vivía en San Telmo, que es un barrio con mucho uruguayo y mucho candombe y eso influía. Además, los lugares no se llenaban tanto. El pogo empezó después. Es difícil bailar cuando hay mil quinientas personas apretadas. Antes la onda era más de disfrute y menos de descarga de adrenalina. También pintábamos mucho las paredes en toda la capital. Es la época del juicio de Metallica contra Napster. Nosotros fuimos los primeros de Argentina en viralizar un tema en internet, con “El sensei”.

-Y justo fue Cromagnon.

-Si. En nuestros recitales había bengalas, como en los de tantas bandas. Una locura, pero era así. Una vez tuvimos que suspender un recital porque tiraron una bengala de humo y no se podía respirar, casi nos ahogamos. Estaba en el aire que podía haber una tragedia en cualquier momento. Como dijo el Indio, “nos pasábamos la bomba de mano en mano esperando que le explotara a otro”. Después de eso, durante años, para reemplazar las bengalas, nuestro público empezó a llevar globos, a llenar todo de globos. Parece infantil, pero era llamativo, colorido. De alguna manera,aunque me da cierto pudor decirlo, lo que vino después de Cromagnon nos favoreció.

-Pero son coyunturas que vos no elegís. En la época de Malvinas, por ejemplo, los músicos se beneficiaron de la prohibición de pasar música en inglés por la radio. 

-Yo tengo amigos que seguían a Callejeros, que de casualidad no fueron a Cromagnon. Me acuerdo cuando me enteré, estaba volviendo de Jujuy de mochilero porque teníamos fechas para tocar en la costa.

-¿Ya habían grabado?

-El primer disco, Colectora, es de 2005. Lo grabamos con siete mil pesos que nos prestó mi viejo. Fue medio de apuro, porque cada vez nos venía a ver más gente, más gente preguntaba por nosotros. Nos habían suspendido un par de recitales -uno en Boca por la pelea entre Ibarra y  Macri- y todo eso alimentaba el mito, se hablaba cada vez más de nosotros… Bueno, necesitábamos un disco. Con muy pocos recursos técnicos, todos en un monoambiente en un piso catorce, pero logramos el objetivo. 

-¿Les importaba mucho ser independientes?

-Creo que muchos de nosotros crecimos admirando el modelo de Los Redondos y a partir de ahí romantizamos o idealizamos mucho la idea de la independencia.  Los Piojos se manejaban de manera parecida. Ser independiente está buenísimo, pero tenés que saber hacerlo. Yo admiro a los que además de tocar bien y componer bien, saben cómo gestionar su carrera y hacer todo ese laburo. Maxi Prieto, de Los Espíritus, es uno de esos. 

Nosotros organizamos mal un recital en “El Condado”, quedó gente afuera con entrada y ahí entendimos que necesitábamos un productor. La primera fue 007. No terminó bien esa relación. Un día nos dijo “para mi Ustedes son una lata de Coca Cola y tengo que venderlos” y no nos gustó. Con los años aprendes a darle otro significado a esas cosas. Ser independiente no es un fin en sí mismo. Lo importante son las canciones, que suenen, que se escuchen. Además, si ser independiente es tan importante, ¿qué le decís a Charly, a Fito, a Soda, que son grandes hace décadas? ¿Que estuvieron equivocados?

-Hay productores que aportan mucho, porque traen una escucha fresca…

-Claro. Santaolalla es un tipo que si mete mano en una canción, la mejora seguro. Por ejemplo. Antes me obsesionaba con que no me toquen “mis” canciones. Después se te pasa y descubrís que hay otros que pueden hacer aportes valiosísimos. Te sugieren cambiar una palabra por otra o te proponen agregar una armónica… y la canción crece. Desde 2015 trabajamos con Alejandro Vázquez. En Las Pastillas hay cuatro compositores, creo que eso habla bien de la banda.

-Estas dos décadas fueron muy intensas políticamente, ¿cómo lo llevaron?

-Tuvimos discos y etapas más políticas que otras. A mi muchas veces me preguntan y tengo que aclarar que no soy K. Lo que pasa es que vos lo ves a Macri y… No podés no tomar distancia de eso. ¿Vos te imaginás esta pandemia con Mauricio presidente? Se iría, tomaría distancia del problema, no sé…

-¿Qué crees que va a dejar esta pandemia?

-Creo que nos va a dejar más fuertes, como todo lo que no te mata. Y espero que nos ayude a modificar la interpretación de algunas cosas. Hay cosas que no podemos modificar, pero sí podemos modificar nuestra interpretación sobre ellas. 

Compartí en tus redes sociales:
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Share on Facebook
Facebook