Tarantino siempre estuvo cerca

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La literatura del conurbano sigue creciendo. “Instrucciones para robar en supermercados” es la última novela de Haidu Kowski, que mezcla las dosis justas de crimen organizado, drogas, sexo y violencia.  Una especie de Quintin Tarantino pegado a la General Paz.

 

El comienzo del libro es potente. Está en primera persona. Un repositor de Jumbo que vive en una pensión. Su vida no es una maravilla, pero ese mismo día le rompen la jeta para afanarle las últimoas chirolas que le quedan y más tarde lo rajan de su laburo por comer mercadería sin permiso. El precarizado cae del anteúltimo escalón al último, al de paria, rodeado de unas posibilidades de consumo que no son para él.

La descripción de esos mundos superpuestos, de laburantes precarizados con la SUBE sin saldo  y vecinos de Palermo que van a comprar educados para disimular el desprecio, es tan contundente como inapelable. Es la clave para leer políticamente todo lo que está por ocurrir en las siguientes páginas. La desesperación lleva al protagonista a sacar un truco de la galera. El truco funciona y es detectado por el dueño de la pensión y acreedor, que tiene las relaciones necesarias para poner en marcha un auténtico emprendimiento.

A partir de ahí, una seguidilla de hurtos en grandes super e hipermercados da lugar a otra de fiestas, faso, merca, billetes fáciles, autos veloces y minas regaladas. Casi, casi, el paraíso suburbano, la vida loca con la que el hasta ayer repositor no se hubiera atrevido ni a soñar. Y violencia, claro. Naturalizada, porque así es la vida en Ciudadela o en Pablo Nogués o en Budge, sin falsos pudores ni prejuicios clasemedieros. La violencia es una parte de la cotidianeidad, de la vida. A veces, la última…

La prosa de Kowski acelera de 0 a 100 en pocos segundos. Llegando a la curva pensás “ojalá frene, éste se la pone”. Pero no, ni frena ni se la pone. Acelera y sigue. Hasta tiene tiempo de saludar por la ventanilla. La novela puede leerse como una apología de cómo el talento y el espíritu emprendedor son premiados en el sistema capitalista, aún fuera de la ley. Cómo el futuro que deseamos (¿merecemos?) está ahí disponible, si nos atrevemos a romper las ataduras… y los códigos de barras. Necesitábamos un Tarantino que se sentara en la esquina a tomar una Quilmes del pico. Acá está.

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