Una Bolivia, dos proyectos

Compartí en tus redes sociales:
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Share on Facebook
Facebook

Por Facundo Ojeda @facuhe

Ilustración de Rodolfo Parisi

Un año y una pandemia más tarde, este domingo 18 de octubre el Estado Plurinacional de Bolivia volverá a votar, luego de varias postergaciones y del cruento golpe de estado llevado adelante por los sectores reaccionarios, cuyo epicentro se ubica en el departamento de Santa Cruz.

Según las encuestas, tres son los principales candidatos que aspiran al sillón presidencial: el ex ministro de Economía de Evo Morales, Luis Arce, en representación del Movimiento al Socialismo (MAS); el ex presidente Carlos Mesa, en representación de la alianza Comunidad Ciudadana y, bastante más atrás, Fernando Camacho, en representación de la alianza Creemos.

Bolivia se encuentra ante la elección más decisiva de su historia para zanjar la disputa entre dos modelos de país totalmente distintos. Por un lado, un país que esconde un segregacionismo histórico y una mirada despectiva hacia las clases populares. Esa Bolivia que sigue anclada en políticas de los 90, en el Consenso de Washington y el neoliberalismo. Esa Bolivia que sigue subordinada a las potencias centrales, realizando alianzas con intereses extranjeros, embajadas, FMI e ideas políticas que poco tiene que ver con la realidad de los más de once millones de habitantes.

La otra Bolivia, en el otro extremo. La que llegó al poder luego de las protestas de los años 2000 y 2003, más conocidas como la Guerra del Gas y la Guerra del Agua, que dio paso a un gobierno de izquierda, el único que representó a las identidades y demandas campesinas y étnico-culturales, cimentando una nueva era de derechos y soberanía.

Distintos encuestadores, dan al candidato del MAS como ganador en primera vuelta con un 44,4% y una diferencia de 10 puntos con el contendor más cercano. Si bien es escaso el margen con que Arce podría ganar la elección, su apoyo refleja una Bolivia identificada con el proyecto del presidente Evo Morales y su vice Alvaro Garcia Llinera, durante los últimos catorce años. La campaña del MAS, especialmente en el último tramo, ha ganado en mística, retomado elementos del Frente de Todos de Argentina:


A pesar de las persecuciones judiciales y difamaciones mediáticas sufridas por los líderes del gobierno anterior, los números son casi los mismos de 2019. Esto se debe, entre otras cosas, a que se ha hecho una muy buena gestión, elogiada tanto por economistas ortodoxos como heterodoxos, con un crecimiento nunca antes visto del PBI producto de la nacionalización de litio. A su vez, el gobierno del MAS ha llevado a cabo grandes políticas sociales, de infraestructura, de subsidios agrícolas y una la fuerte inclusión que mejoró la calidad de vida de todos los cuidadanos.

Si Luis Arce no ganara en primera vuelta, se reduciría mucho sus posibilidades para llegar a la presidencia, a tal punto de que Carlos Mesa se convertiría en primera opción tras un eventual balotaje. Pero una eventual presidencia de Carlos Mesa no otorgaría la estabilidad que necesita Bolivia debido a que carece del respaldo de las organizaciones gremiales, campesinas y sociales, cuya capacidad de movilización es fundamental para garantizar la democracia y el desarrollo autónomo del país hermano. Tampoco lo tomarían muy en serio los sectores radicalizados que representa Camacho.

La pregunta que flota en el aire es porqué respetarían esta vez la voluntad popular los que la desconocieron el año pasado. Las encuestas -falibles- anuncian un posible pero ajustado triunfo del MAS. Y “ajustado” es, en estos tiempos, sinónimo de “cuestionable” o, peor aún, “choreable”. A la luz de un análisis político sencillo, los golpistas tienen más incentivos hoy que entonces: ¿resiste la mini gestión de Añez una investigación seria?

Como contrapartida, se vota en EEUU en escasas dos semanas y el mayor apoyo externo del gobierno de facto, Donald Trump, no tiene gaantizada, ni mucho menos, su continuidad al frente de la Casa Blanca. ¿Hay agua en la pileta para más intervencionismo y poder duro?

Más allá de esto, el pueblo irá a las urnas luego de un periodo turbulento, en el que se instaló un gobierno de facto, y la tensión en medio de la pandemia volvió a reinar en un país que estuvo, durante más de una década, en relativa calma. Para la Argentina, el triunfo del MAS sería una excelente noticia, en un subcontinente con mayoría de gobiernos aliados a Washington.

GLOSARIO
Se llamó a La Guerra del Agua (año 2000, presidencia de Hugo Banzer) a la resistencia del pueblo boliviano por el intento de privatización del agua. El proyecto neoliberal, derrotado en las calles y rutas del país, llegaba al absurdo de considerar el uso del agua de lluvia como un acto ilegal. Uno de los líderes de la revuelta, fue el entonces diputado Evo Morales.

Compartí en tus redes sociales:
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Share on Facebook
Facebook