Vivir sin DyN

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Si la posverdad remplaza a la verdad, el periodismo de agencia es un costo innecesario. Si los datos se pueden omitir o directamente dibujar, ¿qué sentido tiene bancar una estructura de cien tipos?

 

Las agencias nunca ganaron plata. No es ni fue esa su función. Por algo son sostenidas por estados nacionales o, como en este caso, por consorcios de medios. Argumentar su falta de rentabilidad o rentabilidad negativa es actuar con mala fe. Como en el caso de los ferrocarriles, por ejemplo, cuyo balance social es muy distinto del balance contable.

 

Las agencias han sido escuelas de periodistas. Muchos empiezan ahí, aprenden el oficio. Redactan cables breves en situaciones adversas. Cables que contienen, inevitablemente, datos. El periodismo de agencia es un periodismo de datos. Los medios que reciben esos cables los reformularán, los utilizarán de insumo para escribir notas. Notas que, por supuesto, tendrán su enfoque editorial y su propia línea. Pero la agencia debe proporcionarles datos a sus clientes. Así fue hasta ahora.

 

Pero cambiamos. Si la posverdad remplaza a la verdad, el periodismo de agencia es un costo innecesario. Si los datos se pueden omitir o directamente dibujar, ¿qué sentido tiene bancar una estructura de cien tipos? Ese es el problema cuando la lógica de la rentabilidad domina todos los debates: se aplana el pensamiento.

 

Lo otro que cambió es el panorama y las expectativas políticas de los socios mayoritarios, Clarín y Nación. ¿Perdían menos guita hace dos años? No. Pero necesitaban una agencia para garantizarse la hegemonía sobre los contenidos de los medios de las provincias. Hoy no hay amenazas en el horizonte. Más bien lo contrario. Si manejan los principales resortes del sistema de medios públicos, incluyendo Télam, ¿para qué tener dos agencias?

 

Vendrán larguísimas explicaciones sobre periodismo digital, nuevos escenarios, convergencia, smartphones y nuevos hábitos de lectura. Como con Uber. Pero lo que –apenas-  encubre el cierre es que el trabajo formal es una molestia. Ellos los prefieren precarios. Como con Uber.

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