Interrupción voluntaria del embarazo: apuntes sobre lo ocurrido en Diputados

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Uno. Es una victoria, pero también una reparación. El contraste de cantidad y edad de los concurrentes de una y otra media plaza es por demás elocuente.Es simple: el derecho que se discute en esta ley es proteger a las mujeres pobres, y consecuentemente su entorno, que no acceden a las prácticas médicas de quienes sí pueden hacerlo. Por un lado, aborto pago y seguro; por el otro, prácticas aberrantes que ponen en riesgo la vida; saldar tamaña hipocresía es una cuestión de estricta justicia social.

Los números abruman: cerca de 500.000 abortos clandestinos por año, miles de mujeres muertas y/o impedidas, el 70% de los embarazos adolescentes no son planificados; y, también, instalan el marco indicado pues no se deja de abortar a pesar de la prohibición. Poner en debate este tema da luz a otros concurrentes, y que el Estado no atiende acabadamente, como la educación sexual en las escuelas y la entrega gratuita de preservativos.

Dos. “Cuando la juventud se pone en marcha, el cambio es inevitable”, dijo Néstor Kirchner hace unos cuantos años. El movimiento de mujeres, que ganó visibilidad en tiempos recientes, es el emergente de un proceso que no comenzó ayer ni anteayer. Tal vez lo novedoso sea el cruce de estas dos variables: llegaron a la política las mujeres jóvenes.

Hijas o no de históricas militantes feministas, criadas y educadas en una época en que la norma era que las conquistas populares avanzaran y no retrocedieran. Esa “marea verde” seguirá de cerca el debate en el Senado, institución mucho más conservadora y hermética, pero eso no es todo. En esta clase de gestas nacen militantes, se forman dirigentes, los sujetos políticos ganan experiencia, acumulan conocimiento y confianza, entre otras cosas. Se sabe dónde comienza el proceso, pero no dónde termina. Esa fuerza nueva, recién adquirida, queda después disponible para defender derechos políticos, económicos, etc.

Tres. No hay una derecha, hay derechas. Algunas más nuevas o dúctiles, como la que encarnan Lospennato o Lipovetsky, capaces de alentar avances en materias de derechos civiles, siempre que no se discuta el modelo económico neoliberal. Otras derechas encajarían mejor en un guión de Pedro Saborido que en el congreso nacional. Pocas veces quedó tan claramente expuesto donde se alojaba el pasado, el prejuicio y la irracionalidad.

En todo caso, la pobreza conceptual, retórica y argumentativa de los defensores de las dos vidas, debe haber operado como razón de peso para definir a los indecisos. Es que, como sostiene la antropóloga Rita Segado en su libro “La guerra contra las mujeres”, a cada marcha, a cada consigna levantada cae la máscara de la sociedad patriarcal, ese verdadero relato fascista en la que los hombres (y mujeres) de mi generación fuimos educados.

Cuatro. No se trató de ni de una genialidad de Durán Barba para ocultar la catástrofe económica -escribo estas líneas con un dólar de 28 y alimentos y servicios públicos impagables, pero que reflejan uno de 20- ni de un intento de evitar la incipiente unidad del peronismo. Se trató de una decisión inconsulta e improvisada que se fue de las manos. Si bien el tema atravesó transversalmente a los bloques, las discusiones más agrias parecen haberse dado al interior del oficialismo.

Macri no tiene nada para festejar. Ni él ni Vidal podrían atarse ahora el pañuelo verde que nunca usaron, porque la sociedad reconoce y condena el oportunismo. Una cadena es tan firme como su eslabón más débil. Una alianza, tan estable como su elemento más inestable. Carrió esperará, por lo menos, un activo lobby del presidente con los gobernadores, para evitar que el Senado apruebe la norma. Las relaciones de los senadores con sus gobernadores son más directas -o íntimas- que las de sus pares de la cámara baja.

Una vez más, el gobierno se construyó su propio laberinto. Tendrá que elegir con quién enemistarse, con Carrió o con la sociedad civil. Se puede mentir a todos a veces, a algunos siempre, pero no se puede mentir a todos siempre. Una máxima que incomoda a los habitantes de Balcarce 50.

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