Colectoras prohibidas en PBA: No pienses en un elefante

Por decreto, el gobierno de Macri prohibe las listas colectoras entre distintos niveles. La decisión tiene un solo objetivo, impedir que todo el peronismo bonaerense confluya en un solo candidato, independientemente de lo que ocurra “arriba”, a nivel presidencial. La suerte de la medida se definirá en sede judicial porque los damnificados iniciarán acciones a la brevedad, pero el hecho de jugar esa carta ya permite algunas inferencias y análisis.

Primero lo primero. No pienses en un elefante. Imposible, ¿verdad? Lo mismo parece haber hecho el gobierno, señalarle con claridad a la oposición cuál es el camino. Que la provincia más importante del país tuviera un único candidato peronista era una posibilidad, una aspiración, pero de ninguna manera un hecho consumado. Faltaba resolver un importante rompecabezas de egos y personajes, de Kicillof a Magario y de Insaurralde a Massa -a pesar de su famoso “presidente o nada”-.

Tomemos nota: prefieren exponer su temor y correr el riesgo de que el caso llegue a la corte, que ya sabemos como viene resolviendo, que dejar que el tema corra librado a la capacidad o las limitaciones de sus adversarios. El apuro por bloquear la jugada es una confesión de debilidad. El macrismo sabe mejor que nadie cómo influye sobre actores políticos e indecisos, en caso de ballotage, el control sobre la PBA. Macri aprieta a Vidal, pero no come vidrio. Desdoblamiento no, pero ayudín sí. No sea cosa que Heidi, que es jóven y podría dejar pasar un turno en vez de lidiar con una situación social más que compleja,  decida a último momento irse a su casa.

¿Puede el macrismo, supuestamente republicano, cambiar las reglas en pleno proceso electoral? Puede. ¿Pagará algún costo político por estas trapisondas? Tal vez, pero difícilmente.

Las reglas electorales son preocupaciones de minoría informada y politizada, de círculo rojo, pero de ninguna manera del elector de a pie, de ese que elige en el cuarto oscuro y prefiere mirar su Facebook a leer diarios. Ese, que fluctúa, que hace de su desinterés por la política una bandera, difícilmente se entere. Los principales interesados en enterarlo, los peronistas, no hemos incorporado todavía los cambios en la subjetividad de los sujetos del siglo veintiuno que las herramientas digitales han desencadenado.

El desafío, todavía pendiente, consiste en llevar estas cuestiones a la vida cotidiana. De manera simple, breve, con imágenes visuales y apelaciones al sentido común. ¿Por ejemplo? “Corren el arco”. “Juegan a la mosqueta”. “Son más truchos que un billete de tres dólares”. “Tienen miedo”. “Están desesperados”. “Es lógico, el que las hace las paga”. Frases que podríamos intercambiar con ocasionales compañeros de viaje en ascensor, con el verdulero o el tachero. Muchos militantes y simpatizantes lo comprendieron y lo hacen por su cuenta. Pero sería mucho más efectivo y contundente, si se hiciera de manera orgánica, sistemática y planificada. Se llama campaña molecular.

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