Cuadro de situación

Falta poco para las elecciones. Falta nada para el cierre de listas. Desde hace unos veinte días, cuando CFK anunció la fórmula Fernández Fernández, el gobierno parece sumido en el mayor de los desconciertos.

Pero, ¿están realmente desconcertados? Es saludable desconfiar de los climas sociales que se instalan repentinamente. Recordemos, por ejemplo, que en marzo el FPV creía posible ganar Neuquén. Y en abril, Río Negro.

Volvamos al gobierno. La hipótesis podría empezar con una clásica cita de Abraham Lincoln. “Se le puede mentir a todos a veces. Se le puede mentir a algunos siempre. No se puede mentir a todos siempre”. Eso que nadie ha logrado a lo largo de la historia de la humanidad, una maquinaria perfecta y eterna de mentira y manipulación, es lo que necesita el macrismo.

La realidad es contundente. La crisis, dramática. Claro que la realidad por sí misma no gana ni pierde elecciones, pero constituye una base importante: sobre ella hay que montar una buena narrativa. El gobierno no perdió, pero sabe que la tiene difícil. ¿Entonces? Una estrategia tripartita, mezquina, especuladora, bien bilardista.

Parte uno, blindar el voto propio. No todos los que conformaron el 51% de noviembre de 2015 les son propios y lo saben. Propios, propios, son el 28% de agosto. El núcleo duro gorila de la sociedad argentina. Tal vez, suponiendo que algo prendió el discurso del odio, 30/32%. Nada más. El primer objetivo es que ni uno de esos votos se escurra. Ni hacia el blanco (por eso siempre el fantasma del kirchnerismo) ni hacia otras opciones. Por eso apretaron fuerte para bajar al salteño Olmedo. Por eso le ofrecieron ocho palos verdes a Lavagna para bajarlo y por eso mismo es dudoso que Espert llegue a la línea de largada.

Parte dos, dividir al peronismo. Si ellos, siendo realistas, sólo pueden aspirar a ese modesto 30/32, es imperativo dividir a la oposición. Sobre todo, para evitar que llegue al 40, que significaría una probable definición en primera vuelta. Pero la política a veces tiene leyes muy similares a las de la física. Cuando se arma un polo con potencial ganador, este ejerce un atractivo creciente para el resto de los elementos “sueltos” del sistema. Cada elemento suelto que se integra al polo es un incentivo más para que otros lo sigan. Por eso sólo quedan en Alternativa Federal los que no tienen nada que perder ni que ofrecer. Los que tienen un capital político y lo saben en riesgo, intentarán cobijarlo, y por qué no aumentarlo, con una opción nacional seductora.

Parte tres, last but not least, jugar al filo del reglamento. Rascar la olla. Que voten los venezolanos antichavistas. Que no voten los jóvenes sospechosos de kirchnerismo. Colectoras sí. Colectoras mejor no. Escaneo de telegramas para afanarse el escrutinio provisorio. De acá a octubre asistiremos a decenas de trucos, cada uno con el objetivo de inclinar la cancha un par de grados o volver más turbio el escrutinio. No se juegan “la continuidad del proyecto”. Se juegan algo más prosaico y real: los negocios a costa del Estado y la libertad. El penal de Marcos Paz es duro para cualquiera, pero más para los que vienen de Highland o Tortugas.

Los tres elementos de la -cada día más desesperada- estrategia oficial son contrarrestables. Frente a la división, unidad. Frente a la alteración ilegal de las reglas, atentos, vigilantes y denunciantes. Pero lo más importante es evitar el discurso del odio. Además de blindar a su núcleo duro, el gobierno nos incita a un movimiento simétrico. Para ellos sería todo ganancia: ya que no tienen discurso para los desencantados, que tampoco nosotros les hablemos a ellos.

En cambio, si hacemos cintura como Nicolino, si asumimos otro tono y otra agenda, el discurso del odio, y sus portadores, quedarán expuestos frente a una mayoría que sólo quiere vivir en paz. Es oportuno recordar la máxima napoleónica: no interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.

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