Basta de esconder el bombardeo

Hago publica la carta que escribí a las autoridades del colegio de uno de mis hijos, que permanece sin responder. Esconder el bombardeo es tergiversar la historia y mal educar.

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Sra. Directora Instituto Summa
De mi mayor consideración

La semana pasada concurrí al acto conmemorativo del 25 de mayo, protagonizado por chicos de tercer grado. Mi hijo mayor, pronto a egresar, había sido designado escolta de la bandera y era, para nuestra familia, una ocasión importante.

La estrategia narrativa de contar la historia de nuestro pueblo a través de la historia de la Plaza de Mayo me pareció, en principio, interesante. Pero mis expectativas fueron rápidamente defraudadas.

No creo, como se desprende del acto, que los festejos por los mundiales de fútbol hayan sido, para nuestro pueblo, más relevantes que el 17 de octubre de 1946. Pero, aunque demasiado comprimido para mi visión de la historia, ahí estaba el 17 de octubre. Haciendo un esfuerzo, podría aceptar que la importancia de cada hecho histórico es materia opinable.

Mucho más preocupante me resulta la omisión absoluta del 16 de junio de 1955. Ese no fue un día más, ni para nuestra plaza ni para nuestro pueblo. Fue la única vez en la historia que la plaza fue bombardeada, por argentinos que mataron a otros argentinos, para ser más explícito.

Coincidirá conmigo en que visiones incompletas de la historia generan una ciudadanía deficiente y dañan al sistema democrático. Descuento que se trató más de un error fruto del desconocimiento que de una deliberada mala fe o mala praxis. Es por ello que me pongo a su disposición para subsanarlo: con gusto daría clases especiales sobre el 16 de junio del 55, sobre el 17 de octubre del 46 o, mejor aún, sobre el período histórico comprendido entre ambas fechas.

Saluda a Ud. atentamente.

Gastón Garriga

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