Negaciones, camaleonismo y costo político

Los intendentes de JxC que conservan alguna chance electoral, con Larreta a la cabeza, se despegan de Macri como Pedro de Jesús en el relato bíblico. Hasta acá, el camaleonismo político en Argentina salió gratis. ¿Podrán las campañas moleculares corregirlo?

Hace ya un año, en referencia a la famosa causa de las fotocopias -los cuadernos, recordemos, nunca aparecieron-, Jorge Asís condenaba a los empresarios adeptos al canto,, dispuestos a involucrar a quién fuera necesario con tal de recuperar pronto la libertad. “En nuestra cultura tanguera, no hay nada más abyecto que un ortiba”.

Ocurre que las prácticas y decisiones políticas se insertan, y se leen, en una cultura determinada. Lo que es plausible o habitual en un país puede ser condenable en otro. Tan condenable como el ortiba es la rata, el que niega a sus amigos en su alocada carrera por salvar el cuero.

En la vida, en la calle, cuando un amigo enfrenta una situación adversa, como pelear solo contra cuatro, el código de honor barrial obliga a ponerse en guardia espalda contra espalda y absorber la mitad del castigo. Eso o, para los cobardes, el desprecio absoluto, la peor soledad, tal vez el destierro. Sin embargo, esa misma conducta, intolerable en el barrio, parece aceptada o aceptable cuando observamos la política.

Martiniano Molina encabeza el podio de las ratas por estas horas. Con su cartel blanco y azul con rostros de Perón y Evita y la frase “arriba votá como quieras, en Quilmes votá Martiniano” fue más lejos que Ducoté y su video tutorial de cómo cortar la boleta. O que Larreta devenido en municipalista y de perfil bajo. Pero el fenómeno es extendido.

Hoy Macri es políticamente leproso. Es fácil imaginarse a los dirigentes de su espacio en las treinta ciudades que visitará buscando la mejor excusa para huir de él. Su caravana se asemejará, muy probablemente, a esa escena de las películas de cowboys en la que los bandidos llegan al pueblo, la gente se encierra en sus casas y las calles de pronto quedan desiertas. Macri, como Jesucristo, será negado por sus aliados recientes de acá a octubre. ¿Pero qué costo pagarán los Pedros, los que lo nieguen antes de que cante el gallo?

Los errores o faltas de nuestros rivales no se traducen automáticamente en ventaja propia. Alguien debe poner la narrativa, la palabra performativa al servicio de esa causa. Hay que pasar a cobrar. Nadie va a hacer la transferencia por sí mismo. Es probable que exista, en nuestro país, un tácito y hasta inconsciente sentido de la piedad entre dirigentes. Si no expongo al cobarde cuando huye, espero reciprocidad cuando me toque huir. Probablemente, acá se choquen o contradigan dos aspectos de nuestra cultura popular: la lealtad con el amigo en la mala y la viveza criolla que, en dosis extremas, se parece mucho al sálvese quién pueda.

Pero, siempre hay un pero, las campañas moleculares son inorgánicas. Sirven para instalar lo que el candidato jamás diría en conferencia de prensa. Vuelan por debajo del radar. Pueden burlar cualquier pacto corporativo.

Si Larreta, además de tener como monotributistas a los agentes de tránsito y envenenar a los trabajadores del subte, abandona de esa manera a su aliado político de tantos años, ¿qué esperás que haga con vos?

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