Discutamos la política, no sólo cuánto cuesta

¿Elegiríamos un cirujano cardiovascular por compulsa de precios? ¿Pijotearíamos hierro en los cimientos y columnas de nuestra casa? No todo se mide por precio. A veces hay cosas más importantes. Lo primero es reconocer la complejidad de la política. Si reconocemos y respetamos a un buen cirujano o arquitecto, lo mismo deberíamos hacer con los sujetos políticos. Años atrás, en mi pueblo había un panadero muy amable. Su docena tenía catorce facturas y nunca se hacía el vivo con el vuelto. El pueblo empezó a pensar en él como el intendente ideal. Su fracaso fue una lección enorme, pero carísima.

Mosqueta. Dice wikipedia que la mosqueta es un juego de apuestas, habitual en ferias o calles concurridas, lindante con la estafa, en el que la banca tiene un dado y tres cubiletes que mueve frenéticamente, para que el incauto no descubra en cuál está. “La mano más rápida que la vista”, suelen repetir.

A pocos días de iniciado el estallido en Chile, Piñera propuso, para descomprimir, bajar el “gasto político”. Lo mismo propalaban las usinas mediáticas de este lado de la cordillera en 2001 y hoy de vuelta. Cualquier cosa con tal de salvar al neoliberalismo. Cualquier chivo expiatorio con tal de salvar al verdadero villano. Los que venden ese discurso saben lo que hacen, pero entre los que compran ese discurso abunda la buena fe. ¿Quiénes son? Compatriotas indignados, que no distinguen entre un modelo neoliberal que empobrece sistemáticamente de uno de desarrollo nacional que, por supuesto, puede tener claroscuros. Aturdidos por años de discurso antipolítico, candidatos a sufrir la mosqueta.

La gran Abdala. El poder -corporativo, económico, permanente-, no necesita la política. Más bien al contrario, estaría más cómodo sin ella. La política es la herramienta y la esperanza de los que no tienen poder. Cada vez que un trabajador compra discurso antipolítico, se pega un tiro en los pies. Pero, sobre todo, nos señala nuestra carencia, nuestra limitación o incapacidad pedagógico comunicativa. Y la tarea pendiente.

No son pocos, en Argentina y en el mundo, los que creen que la política es el problema y no la solución. “Los políticos” o “la clase política”, más que la política. Creen que un ministro o un diputado provienen de y pertenecen a otro mundo, totalmente ajeno. No saben que antes de ocupar ese espacio militaron años, restando tiempo a la familia y al descanso, asumen compromisos enormes a los que no están obligados. Este fenómeno no es natural sino fruto de una construcción sistemática y añeja. El poder económico, escurridizo e invisible, señala un enemigo con nombre, apellido y rostro, fácil, que no requiere explicaciones abstractas ni complejas.

Cifras. Achicar el “gasto político” para reducir el déficit fiscal es como querer tapar el sol con la mano. En términos presupuestarios, lo que se corrige es irrisorio. El gran agujero está en lo que Macri dejó de recaudar para favorecer a sus amigos agroexportadores, en la falta de control de los capitales financieros y en la pobre recaudación por caída de actividad. Lo saben los lectores que llegaron hasta acá.

Pero no lo saben millones de compatriotas, víctimas de bombardeo mediático, que aturde y dificulta la comprensión de los procesos políticos y económicos. Políticamente vulnerables. Claro que no se puede abrir todos los frentes en simultáneo y cualquier gesto que construya legitimidad ante esa franja es bienvenido. Eso es lo urgente. Lo importante es que tenemos una responsabilidad con esos compatriotas, la de reconciliarlos con la política, para que puedan pensar el problema del poder.

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