90 días no es nada

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En un escenario de sensibilidades extremas, vuelve la tensión histórica entre apresurados y retardatarios.

Alberto es socialdemócrata porque cita mucho a Alfonsín. Habló de los sótanos de la justicia, pero no mencionó a los presos. Si vamos a pelearnos con el campo, que sea por medidas de fondo y no por tres puntos de retenciones. Son reclamos habituales en uno de los campamentos. En el otro, hay quejas simétricas, opuestas y complementarias. Cristina no es peronista porque armó otro partido, Unidad Ciudadana. Los kirchneristas de hoy son los mismos que el Viejo echó de la plaza en el 74.

Los sectarios siempre son los otros. Nunca nosotros. La pregunta que sobrevuela, todavía en sordina, es la sustentabilidad y durabilidad de este frente, tan diverso y plural. La respuesta tiene que ver, si no exclusivamente, al menos de manera central, con la capacidad interna de procesar diferencias.

Acá todos tenemos un granito de arena para aportar, pero la responsabilidad mayor es de la conducción. La conducción define el nivel aceptable de tensión. Recordemos que, por nuestra naturaleza movimientista, los peronistas estamos llamados a convivir con la tensión. La tensión interna es el estado normal del peronismo. La tensión no debe derivar en conflicto. Porque, con la tensión se convive, pero al conflicto se lo “resuelve”. Generalmente, en la “resolución” del conflicto alguien termina por irse… Y festejan los gorilas.

Si hoy no nos gobierna Macri, es porque CFK demostró entender el juego de la geopolítica mejor que nadie. Si ganaba las elecciones, se generaba una crisis institucional. Si la metían en cana para evitar que ganara, se generaba una crisis institucional. Todos los caminos conducían al desmadre. No hace falta recordar cuán útil a los intereses imperiales es la excusa del desmadre. Que lo diga cualquier sirio o venezolano. CFK salió del laberinto por arriba, como sugería Marechal.

“Quien puede el más, puede el menos”, sostiene un viejo principio jurídico. Claro que hubo errores en el pasado, pero si derrotó al dream team de buitres, FMI, embajada, lobby judicial, servicios de inteligencia y medios de comunicación, ¿alguien duda realmente de que pueda contener a Grabois y a Moyano o a los intendentes de la provincia y a sus rivales camporistas? El pesimismo de la razón es mal consejero, si no va acompañado del optimismo de la voluntad.

Si no superamos una pruebita de noventa días de templanza, que no es nada, ¿cómo vamos a mirar la historia? ¿cómo cantar que somos los herederos de los fusilados y los bombardeados? Tal vez estemos, como dijo Néstor en 2003, recién llegando al purgatorio.

Entonces, a tensar sin romper, a acumular y mostrar, que Alberto va a necesitar en qué apoyarse cuando considere que llegó el momento de romper algunos huevos. Y eso, por lo general, no se consigue en los palacios.

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