AMLO, un viento fresco del norte

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La primera señal provino de Colombia. Ningún analista serio esperaba un triunfo de Gustavo Petro en el ballotage. En cambio, teniendo en cuenta que hablamos del país con mayor presencia  militar estadounidense en la región y su principal socio en materia geopolítica, la cantidad de votos reunidos, que le permitieron llegar a instancias definitorias contra el conservador Duque, constituyen un triunfo en sí mismo y la señal de que algo crece allí. La segunda, contundente, indiscutible, la dio ayer el pueblo mexicano, al consagrar a Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Señales de que la restauración conservadora en la región no está asentada ni mucho menos.

¿Qué tienen en común estos dos países? Muestran el modelo terminado al que aspiran a llegar Macri en Argentina y Temer en Brasil, después de los ajustes y reformas estructurales pro mercado, del que somos todavía un work in progress. Son los países más desiguales -Gini no miente- de la región más desigual del planeta. Países de estado ausente, desarticulado, a un grado tal que no controla la totalidad de su territorio.

Nadie puede dar lo que no tiene. La pobreza creció tanto en los EUA que dio lugar a una nueva categoría, el “cuarto mundo”, que se usa para describir a los que viven en países del llamado primer mundo, en condiciones iguales o peores que los excluidos del tercero. A todo eso dijeron basta los mexicanos y se preparan para decir basta, tal vez, en la próxima elección, los colombianos.

El triunfo del candidato de Morena renueva las esperanzas de los partidarios de la Patria Grande, desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego. En un mundo que asoma multipolar, la incondicionalidad de México con las políticas de su vecino del norte podría empezar a ponerse en duda. O, al menos, a cotizar más caro. La lógica invita a esperar guiños hacia y desde Rusia y China, las potencias emergentes. Más aún, cuando el neo proteccionismo de Trump deja a sus socios en situaciones de incomodidad creciente.

El margen de maniobra, coinciden los expertos, no es muy grande, al menos al principio. Pero el amigo de Macri, Peña Nieto, ha dejado la vara tan baja, que quién sabe qué otras sorpresas nos esperan. Después de todo, esto es política, una ciencia inexacta e impredecible, con algo de magia, que premia a los que hacen camino al andar. Y AMLO es uno de ellos: persistente, terco y decidido para alcanzar su objetivo (“seguidor como perro ‘e sulky”, decimos nosotros), pero también intuitivo y flexible para captar apoyo más allá de su núcleo duro, para no caer en la tentación testimonial. En síntesis, AMLO es un bicho de la política.

En estos tiempos en los que, nos insisten hasta el cansancio, valen tanto el peinado o la sonrisa como la trayectoria o las convicciones,  AMLO es la reivindicación de la militancia, de la política como proyecto de vida y no de oportunidad de movilidad social personal o negocios para amigos. Cuando la estrella de los inventos del marketing empieza a declinar por el peso de sus defecciones, mentiras e impericia, acá, allá y a todo lo largo y ancho del camino, lo que queda en pie es lo que siempre estuvo, aunque cubierto de lodo televisivo. La política.

“Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza”. Algunos sujetos se sienten más cerca de su realización trabajando para el bien común que para su realización individual. A veces, el destino se los reconoce y los premia con un lugar especial en la historia. Bienvenido AMLO, bienvenido el aire fresco.

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