El Farmer es incombustible

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En el Teatro Astros, adaptación de Pompeyo Audivert sobre el texto de Andrés Rivera. Vigente reflexión sobre historia argentina.

 

La novela de Andrés Rivera narra la amarga soledad de Rosas en el exilio inglés. El autor se mete en la cabeza del personaje y escribe directamente, sin filtros, su soliloquio. La novela es muy recomendable. La obra, adaptada por Pompeyo Audivert y protagonizada por él mismo y Rodrigo de la Serna, es imperdible.

 

El gran acierto –y también la novedad respecto de Rivera- es la superposición y el diálogo entre dos Rosas, el septuagenario (Audivert) y el gobernador en plenitud (de la Serna). Impacta el contraste entre el viejito frágil y el temible Restaurador. Ambos, que son uno, repasan sus recuerdos, se quejan de la pobreza y se burlan de los “dotores” en general y de Sarmiento en particular.

Ocurre que quien fue el hombre fuerte de la provincia más extensa partió al destierro sin dinero y subsiste como puede en treinta y pico de hectáreas que apenas albergan unos pocos animales. Ocurre también que vienen de Buenos Aires a visitarlo, pero más bien con curiosidad antropológica, porque su predicamento político es menos que escaso: los vientos soplan para otro lado, la defensa de la Patria ya no es un valor. Y Sarmiento, el terco Sarmiento, que se empeña en gobernar una Argentina que desconoce, se empeña en convertirla en algo que no es… que tampoco podrá ser.

Viejo, cansado y pobre, Rosas no pierde el humor ni la lucidez. La traición, la conducta humana más baja, es objeto de sus reflexiones. En uno de los pasajes más intensos, Rosas se recuerda a sí mismo volviendo derrotado de Caseros, con el tiempo justo para aprestarse y partir, atravesando la ciudad vacía y silenciosa, sus habitantes escondidos en las residencias. “Los que ayer gritaron viva Rosas esperan el momento oportuno para gritar viva Urquiza. Quien gobierne contará siempre con la incondicional cobardía de los porteños”.

Habrá que plantearse qué clase de canibalismo domina a nuestra sociedad, capaz de expulsar o fagocitar a hombres de la talla de San Martín, Rosas, Yrigoyen o Perón, cuando su estrella política declina. El teatro es una buena opción para abordar el tema. “Perón e Yrigoyen”, la obra que transcurre en Martín García, es otro ejemplo de este subgénero que podríamos llamar teatro del ocaso.

 

 

 

 

 

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