El pariente del sur

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La despedida de Néstor forma parte del repertorio habitual de recuerdos de muchas familias, para las que era querido como uno más, como alguien propio, Transcribo conversación con mis hijos mayores que da cuenta del fenómeno.

-Pa, contanos cuando se fue Néstor.

Vienen los dos juntos con el pedido. Últimamente se pelean mucho -el encierro, la pandemia-, pero en esto coinciden. Se acuerdan  cada tanto y me piden que repita el relato. Como ocurre con otras anécdotas familiares -nacimientos, viajes o mudanzas-, la conocen de memoria, tal vez mejor que yo. Tanto que a veces me corrigen. Era lógico y esperable que me lo preguntaran ahora, que se cumplen diez años. Así que arranco.

-Era miércoles de censo. Estábamos tranquilos en casa, me acuerdo que me llamó tu abuela llorando. Sin hablar, sin soltar el teléfono, me senté en la escalera y me quedé mudo. Tu mamá se sentó cerca mío. Nos quedamos así un rato. Al rato salimos, sin saber bien hacia dónde. 

Pasaban autos con bandera argentina. Alguno hacía sonar la marcha. En la Mutual Homero Manzi empezaban a juntarse compañeros. Me abracé con varios, pero estaba ansioso por ir a la plaza. No esperé a que se concentraran. Levanté a tu  padrino en el camino y seguimos viaje. Cada minuto entraba más gente a la plaza, más pueblo.

-¿Me tuviste a upa todo el tiempo?

-Claro, tenías tres años. Podía tenerte en los hombros horas sin esfuerzo. Ahora no podría ni subirte.

-Yo estaba en la panza de mamá.

-Y desde ahí escuchabas los bombos y los cantos.

-¿Y después?

-Ya saben.

-Contá-, me aprietan a coro.

-Al día siguiente hice la cola de los funcionarios, para acercarme al féretro y a la capilla ardiente. Todavía conservaba la credencial de Radio Nacional, aunque hacía un año que habíamos dejado de emitir “Buscando al General Duval” por FM Faro.

-Llovía y el cielo estaba gris…

-Si, ya lo dije.

-No, no lo dijiste todavía.

-Y al otro día marchamos hasta aeroparque. Éramos miles. Gente por todos lados. Un señor muy viejito que lloraba, contó que había estado en el funeral de Perón y desde entonces no veía algo así. 

Después volví a casa, me saqué la ropa mojada y salimos para Punta Indio. Estuve todo el fin de semana laburando de carpintero, en el deck que rodea el tanque australiano. En mi cabeza, era como si le estuviera construyendo un mausoleo. Llovía, paraba y volvía a largarse, pero yo seguía clavando maderas con la determinación de Néstor. Ese domingo por la noche me subieron la fiebre y la tristeza y pasé casi toda la semana siguiente en cama.

-¿Y qué fue lo que decidiste?

-Que la política no podía volver a ser algo accesorio en mi vida, ni en la formación de uds dos. Que a un ejemplo excepcional como el de él había que honrarlo cada día.

-Militando-, completan. Y en su tono hay un dejo de reproche por omitir una palabra tan importante.

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