La inestable relación entre la publicidad y el lenguaje

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Grandes anunciantes, agencias internacionalmente premiadas, millonarios presupuestos de medios, todo el show de la publicidad puede quedar expuesto por un detalle gramatical. Errores evitables con sólo tener a mano a alguien con un poco de cariño por las palabras. 

El universo de las agencias de comunicación y publicidad puede ser fascinante o insufrible, según el tiempo que permanezcamos en él. Pero, como el de muchos otros profesionales, es endogámico y, en cierta medida, impermeable a otros perfiles.

Hace algunos años, no tantos, entre los creativos y redactores publicitarios abundaban los lectores compulsivos, los escritores aficionados y los no tan aficionados.  Pero los tiempos cambian y -redes sociales mediante- los caminos se separan. En ese proceso, la mirada se aplana y se pierden saberes.

Sólo así se explica, por ejemplo, que nos quieran vender un auto que, según prometen, manejará nuestra libertad (y podemos inferir que se adueñará de ella y hasta de nosotros mismos). O que alguien que aspira a manejar uno de los clubes más grandes del país no maneje las reglas de género y número que nuestros hijos aprenden en 5to grado. La enumeración no es completa ni excluyente, habrá nuevas entregas de cosas que un docente jubilado o un estudiante de Letras señalarían en segundos.

 

 

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