La popu ya se expresó

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No es posible tapar el sol con la mano. Ni con una decisión del árbitro ni con la inteligente maniobra del aborto, ni con ningún conejo de la galera de Durán Barba.

 

En los lejanos tiempos de la Fusiladora y la Resistencia Peronista, la gente asistía a los estadios también por motivos extrafutbolísticos. Las canchas eran uno de los escasísimos lugares donde uno podía cantar la marcha peronista sin miedo de caer en cana y así gambetear el decreto 4161.

La historia no se repite pero sí tiene grandes similitudes. Por eso es indispensable estudiarla. Además, porque creemos que ese conocimiento nos puede proporcionar una ventaja importante: muchos de los que están enfrente la desconocen y desprecian.

Sobre el final de este febrero de 2018, el malestar general con las políticas económicas es ya inocultable y las multitudes lo expresan con lo que ya se considera el hit del verano: “Mauricio Macri, la puta que te parió”. Cualquier similitud con el final de los años cincuenta no es casualidad sino causalidad.

Entre los cientistas sociales está de moda el concepto del “cisne negro”. Así se denomina aquello que rompe con toda predicción y cálculo estadístico. El cisne negro es el imponderable que barre con la construcción o especulación, como hace el cero con cualquier martingala en la rula. Pero, ¿tenemos derecho a sorprendernos de que la gente al fin putee a un gobierno que lleva dos años quitando a los pobres para darle a los ricos como Hood Robin?

Por más que se intente sellar obsesivamente los canales y obturar los espacios, la expresión popular es como el agua: persistente, incansable, siempre encuentra por dónde filtrarse. La política, la manera en que se organizan las sociedades, es una actividad rica y compleja. Tal vez la más rica y compleja de todas. Por eso irreductible a tableros de comando, planificaciones estratégicas y demás herramientas de gestión. La “más maravillosa música” no acepta partituras ajenas.

Desde una perspectiva psicológica, cabe preguntarse cómo afecta a un presidente futbolero -y tribunero- saberse puteado ya no por una hinchada ni por un estadio sino por todos ellos.

Retomando el hilo histórico, la gran ventaja de hoy, respecto de hace sesenta años, es la tecnología. Los que no fueron pueden enterarse por Watsap o Youtube, las herramientas que permiten saltar el cerco mediático. El que así lo desea puede descargarlo como ringtone, para escucharlo -y, más importante, hacerlo escuchar-, varias veces por día.

 

¿El canto popular hace peligrar la gobernabilidad? Claro que no. Pero expone la distancia entre relato y realidad, entre el call center de Peña y la calle. Es la gota que horada la piedra. Como grito de guerra, resulta mucho más incluyente, inclusivo y convocante que el ya desgastado “vamos a volver”. Aunque duela.

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