Macrismo, medios y chantaje emocional

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La convocatoria de Clarín, la verdadera conducción del macrismo, al domicilio de CFK, lejos de ser casual o aislada, es un paso más en la escalada que pretende tomar de rehén a la democracia argentina. Su accionar de años coincide perfectamente con la tipificación de una patología. Ilustraciones de Rodolfo Parisi.

Uno de los desafíos centrales de la política y la comunicación política, en estos tiempos en que todo es breve, liviano, lineal y no parece haber margen ni paciencia para realidades  complejas, es encontrar elementos y recursos narrativos de otros de otros universos, para utilizarlos de manera metafórica o comparativa, pero siempre pedagógica. A la vez, la elección de esos elementos no puede ser al azar ni caprichosa: debe ser estratégica, buscando a la vez masividad  y contundencia, sintonizando con el pulso de la sociedad, sus preocupaciones y prioridades. 

En este caso, la analogía toma elementos de la salud mental, pero también de la agenda de derechos del movimiento de mujeres. El “chantaje emocional”, definido por la terapeuta Susan Forward,  es una de las formas que adopta el maltrato psicológico en las relaciones personales. El chantaje es un proceso y, como tal, tiene etapas. Veamos.  

Primera etapa, el cortejo. El chantajista o manipulador construye una imagen de sí para deslumbrar al otro. Propone baile, fiesta y globos de colores. Todos sonríen, todo brilla. Una propuesta seductora, de la que es difícil abstraerse. Para esto sirvió la CABA a partir de 2007, para proyectar hacia el resto del país esa imagen aspiracional; “todo lo bueno que ocurriría si me eligieras”. Pero dura poco.

Segunda etapa, la convivencia. Una vez elegido, con el vínculo establecido, el manipulador empieza a desplegar otra cara. “Lo hago por tu bien”, es una de las frases de cabecera, aplicable para los despidos, la devaluación o el tarifazo. Algunos esfuerzos, algunos dolores, son necesarios. 

“No me obligues” o “me obligaste” vienen luego, con un estado de cosas más degradado, producto de manipulaciones y maniobras más groseras, no tan sutiles. Una y otra buscan generar un sentimiento de culpa, sobre el cual fortalecer dependencia y manipulación. El mejor ejemplo de esto es la conferencia de prensa del lunes posterior a las PASO, con el dólar y el riesgo país desbocados. “El mundo no confía en el kirchnerismo. “Votan kirchnerismo, esto es lo que pasa”, dijo un Macri desencajado, con cara de no haber dormido.

Tercera etapa, la ruptura. La víctima comprendió la gravedad de la situación y desea romper el vínculo, salir de la trampa. Es cuando el psicópata se vuelve más peligroso, porque pierde sus escasos frenos inhibitorios. No acepta un no. “¿Quién carajo te crees que sos para rechazarme?”, “te voy a hacer la vida imposible”, “no vas a vivir tranquila”. Se pasa de la fase de la culpa a la del miedo como sentimiento predominante.

Es el programa de esta oposición que, despechada, arma marchas en cuarentena, amenaza con generar conflictos de poderes con la corte suprema, empioja el funcionamiento del congreso o apuesta por la devaluación. Todo vale con tal de quebrar la voluntad del otro: llevarse a los chicos, no pasar la cuota alimentaria o aparecerse por sorpresa en el lugar de trabajo buscando la desestabilización psicológica del otro.

¿Hay alguna clave para cerrar el ciclo? Los psicópatas suelen ser también bastante cagones. Se ensañan con su víctima si la perciben sola, débil, indefensa. Lo contrario a la soledad es la compañía. Y no hay mayor ni mejor compañía que una Plaza de Mayo llena, para pasarles el mensaje a los psicópatas, por última vez, amablemente.  

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