Más apuntes sobre la unidad peronista: armar un rompecabezas contrarreloj

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El plazo real para la unidad es de un año y unos pocos días. Ya empezó a correr el reloj de arena. Las listas cierran en junio. En el mejor de los casos, si ponemos un ojo en las variables macroeconómicas y el otro en la historia argentina reciente. La política profesional, la que se practica en el palacio y sus cercanías, suele tener poco de ideológica. Es más bien, un ajedrez pragmático, un “juego de la silla” un poco más sofisticado, regido por cálculos racionales, incentivos concretos y expectativas verosímiles.

Ningún proyecto de unidad puede desconocer este principio, mucho menos ahora que los incentivos con los que el gobierno construyó el peronismo macrifriendly se desvanecen. Ya no habrá chequera, ni siquiera para los propios: el Fondo dijo claramente que los PPP, las tan ansiadas obras, huelen mal. Y el látigo judicial, ahora que el panorama se complica, muestra algún que otro signo de rebeldía. ¿El peronismo dialoguista sigue prefiriendo el liderazgo de Macri al de CFK? Ese sector prefiere a los que garantizan su propia supervivencia. Macri cada día ofrece menos garantías.

En un reciente reportaje,  Artemio López sostenía que es mucho más importante que el kirchnerismo interpele a los votantes desilusionados de Macri que a los dirigentes del peronismo trucho que, además de ser gorilas, carecen de votos. Es cierto que esa debe ser la prioridad, tanto como que no se debe descuidar a esos dirigentes medio carentes de dirigidos. Básicamente, por su poder de daño. Ya lo comprobamos en las legislativas.

Sujetos mezquinos, ladinos, que, según el refrán de mi abuela “creen a todos de su misma condición”, se aterran ante la perspectiva de una nueva presidencia de CFK. No piensan en la patria ni el modelo, sino en su destino personal. La prefieren fuera de la cancha, aunque eso implique seguir perdiendo.

A su vez, Cambiemos se enfrenta al dilema de la frazada corta. Su producto estrella, “Mariu”, paga la crisis con puntos de imagen, algo impensado hasta hace poco. Pierde menos que Larreta y mucho menos que Macri, pero pierde. Aún así, es la figura de recambio si Mauricio llega al año próximo demasiado chamuscado.

Pero si la actual gobernadora es ungida por el círculo rojo para disputar la Nación, ¿quién cuidará la provincia? Todo indica que a nadie le dará el cuero para imponerse en primera vuelta. En ese escenario, ya lo comprobamos, el que gana la provincia corre el ballotage con ventaja. Como dijimos líneas arriba, una simple cuestión de incentivos. Al que gana la provincia, hay de dónde cobrarle, gane o pierda. Al otro, andá a encontrarlo el lunes siguiente.

Siguiendo esa línea de razonamiento, es clave construir una candidatura competitiva para recuperar la PBA, contra una Vidal golpeada o contra una segunda marca con el sello Durán Barba. Hay una sola figura indiscutida e indiscutible en toda la política bonaerense. La que obtiene mayores niveles de adhesión en el conurbano profundo, crece con la crisis y también con su misterioso silencio. La que logró 38 puntos en una contienda más adversa y desigual que el mundial de Italia 90. “Ella”.

“De los laberintos se sale por arriba”, decía el Poeta Depuesto. Pensar “fuera de la caja”, para citar una categoría cara a la ideología dominante, implica buscar respuestas creativas a problemas aparentemente binarios. CFK gobernadora no sólo sería un ancho de espadas en las urnas: es también una solución salomónica al dilema de que con ella no alcanza y sin ella es imposible. ¿Qué peronista candidato a presidente, de la línea que fuera, puede permitirse despreciar a quien le asegura cuarenta puntos en el principal distrito del país?

El otro frente a considerar son las tensiones al interior de la alianza -Cambiemos, se sobreentiende-. Murmullos de queja cada vez más audibles, intrigas que no deberían trascender pero lo hacen. El mejor equipo naufraga. Son más los radicales sin contrato que los radicales contentos, dispuestos a inmolarse por seguir cobrando. Lo nuevo es que, con nubes oscuras en el horizonte, empiezan a asumir que tampoco mojarán en el siguiente turno.

Alfonsín o Margarita Stolbizer son sólo emergentes de ese fenómeno. Ricardo no se cansa de hacer guiños, señas, tirar centros. Tan importante como unirnos es dividirlos. No sólo hay que alentarlos a armar la lista 3. Hay que apoyarlos. Con un acuerdo. Con efectividades conducentes. Aunque sean posdatadas, intangibles promesas a futuro.

Una cosa es hacer política con viento a favor, cotillón y globos. Para achicar el agua se requiere otro espíritu, templanza, coraje. Tal vez la tengan, tal vez no. Pero en ese momento, lo peor que te puede pasar, es que te salga un Randazzo.

 

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