Menos es más

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2da entrega de las  crónicas del aprendiz de chacarero

 

Menos es más. Suena a libro de autoayuda. Peor, a título de la sección “Militando el ajuste” de Clarín, como “Las ventajas de veranear en la pelopincho”. Pero es cierto. Menos es más. El campo te lo recuerda a cada paso.

 

Los de este lado de la grieta estamos preocupados por la distribución de la riquez y el acceso al consumo de las mayorías. Hablar de limitar el consumo nos parece hacerle el juego a  la derecha. Pero es hora de que nos planteemos nuestra relación con el consumo, la compulsión a consumir, comprar y tener, que, aunque sea en dosis mínima, anida en nosotros. Somos seres moldeados por el capitalismo, a pesar de nuestros esfuerzos, lecturas y batallas personales.

 

Menos es más, viene bien recordarlo. Se distingue a un viajero de un turista por su equipaje. El turista lleva una valija de veinte kilos para una semana, carga cosas que nunca usará. El viajero se esfuerza por llevar lo estrictamente necesario. No quiere lastre. Sabe qué necesita y qué no porque la ruta es su lugar, su hábitat. El viaje, su modo de vida.

 

Estos años me dieron miles de ejemplos. Si tenés más animales de los que tu campo puede alimentar, porque calculaste mal o porque llovió menos de lo previsto, vas a tener que salir corriendo a malvenderlos o trabajar para suplementarlos con rollo o grano.

 

Si comprás herramientas que no usás y las acumulás en el galpón, lo más probable es que el día que realmente las necesites te vuelvas loco buscándolas durante horas, puteés en todos los idiomas… Y al final no las encuentres.

 

Si tenés más caballos de los que podés atender o montar, se van a poner ariscos, además de crinudos, vasudos y desprolijos. Cuando te acuerdes de ellos, es probable que no se dejen ni tocar. Lo mismo con todo.

 

En general, los gauchos no se cargan con cosas que no necesitan. Tienen un criterio bien afilado, son prácticos. Todo lleva cuidado, trabajo y tiempo, tres cosas preciosas que hay que saber administrar. No es sólo una cuestión de recursos. Es también maña. ¿Cambiarían su viejo y barrero Renault 12 por un vehículo con un costo de mantenimiento mayor? ¿Abandonarían su Rastrojero con pantaneras atrás sólo porque les da el cuero para algo más nuevo? Creo que no.

 

Tuve una casa, muy linda de ver y mostrar en fotos. Era insoportablemente demandante. Siempre había algo que atornillar, lijar, pintar o reparar. Cada tarea se robaba horas de mi vida, sin pedirme permiso. En cambio, mi casa actual, como dije, es un container. La limpieza toma diez minutos, quince como máximo. Se calefacciona entera con un leño y dos ramitas. Se refresca fácil. Como es chica, doce metros de largo por dos y medio de ancho y otros doce por tres de galería,  no permite acumular porquerías: cuando algo no se usa, sobra. Lo que sobra, molesta. Lo que molesta, se va, sigue su camino.En vez de tractor, tengo un cuatriciclo. Suficiente para una explotación como la mía. Cumple doble función. La de tractor, porque hace trabajos de fuerza, y la de caballo, porque me lleva al pueblo a hacer las compras y me permite otros desplazamientos.

 

Menos es más, también con las tareas y las responsabilidades. Es mejor hacer poco, con plena dedicación, que sobrevolar distintas tareas sin ir a fondo en ninguna. Cuando uno se traza una hoja de ruta muy larga para el día, probablemente haga cosas mal, apurado y termine con un humor de mierda y una sensación de vacío. Nada es tan fácil ni tan rápido como uno supone en la previa. Sobreestimar la propia fuerza o subestimar la de la naturaleza es un error primo hermano de acumular bienes materiales.

 

Menos es más nos libera también de una ilusión tan extendida como infantil. La felicidad no está en el consumo. Hay que buscarla en otro lado.

 

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