Reflexiones urgentes en defensa del  PJ

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Para nosotros, el partido es una parte de un todo mucho más amplio, que llamamos Movimiento, y ni siquiera la más importante. Tal vez por eso, en distintas coyunturas históricas, nos hemos permitido hasta cierto desdén respecto de nuestra herramienta política. Sin embargo, hoy, la grosera mojada de oreja del gobierno oligárquico nos pone obligadamente en otro lugar. Lo primero es ordenar las ideas, para no entrar en el caos que propone el enemigo.

Uno. No hay, ni aquí ni allende fronteras, jueces que decidan con tanta premura sobre cuestiones tan trascendentes ni, peor aún, sin dar traslado ni aviso a la otra parte. En consecuencia, la medida es arbitraria y grotesca y la complicidad, evidente. Los fundamentos son de tal grado de intromisión política que funcionarían como confesión en un juicio contra Servini.

Dos. Cuesta imaginar que semejante audacia no esté relacionada con los hechos recientes de Brasil. Lula lleva unos días en cana. Ninguna guerrilla marxista leninista amenaza con volar Brasilia. Los mercados “celebran” la condena. El futuro augura –mucha, demasiada- inestabilidad, pero eso no importa, porque nadie piensa más allá de lo inmediato y lo inmediato es la toma de ganancias. El sistema, allá y acá, es así de burro.

Tres. La movida es un tiro a dos o tres bandas. Impide el legítimo acceso a los fondos para la próxima campaña a los futuros candidatos e invita a reabrir viejos debates y salar heridas, justo cuando empezaba a campear el espíritu de la unidad. Pero lo más importante pasa por otro lado. Por las imágenes.

Cuatro. Lo que vale es lo que muestra la tele, una, dos o treinta veces, pero se repite y viraliza por cientos de miles en Youtube y Facebook. La jugada implicaba una encerrona. Los peronistas no renuncian ni se rinden, la derecha lo sabe. Por eso se preparaba para filmar una superproducción de tumultos, corridas, piedras y palos. Sangre, sudor y lágrimas… de negros, de esos que espantan a la clase media, justo cuando empieza a notar el engaño del que fue objeto de 2015 en adelante.

Cinco. Esta es la última chance de mostrar dignidad de los dirigentes sin dirigidos. Siempre dijimos que el macrismo es un golpeador serial, que maltrata a sus aliados una y otra vez, porque el desprecio está en su adn de clase. No hace falta enumerar los apellidos de los que en este momento están calibrando el sapo y sacando cuentas. El pueblo peronista los conoce de sobra.

Seis. Ningún gobierno se jugaría a tanto si creyera en sus chances de reelegir. La intervención del PJ, tanto como el encarcelamiento de Lula, exponen la impotencia de las derechas gobernantes en la región. Siguen siendo clases dominantes, nunca tan lejos de ser dirigentes.

Siete. Los demás, radicales, socialistas, lilitos, etc. Todos ellos deberían releer sin demora el poema de Bretch.

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