UVAs de la ira

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Inestabilidad creciente e inflación provocada. El viejo truco de lucrar con las ilusión del techo propio puede terminar en una tormenta de proporciones inéditas.

 

La novela que consagró a John Steinbeck está inspirada en situaciones reales. En los años treinta, durante la gran depresión estadounidense, el medio oeste agrícola sufrió sequías e inundaciones, que agravaron la ya de por sí difícil situación de los pequeños productores. Grandes corrientes  de migrantes internos debieron desplazarse hacia destinos más prósperos, California entre ellos. En el camino, los recién caídos en la pobreza descubrieron dos cosas: la hostilidad de los que eran apenas menos pobres que ellos y la lógica implacable del sistema, capaz de montar un negocio aún sobre la desesperación de los que -casi- nada tienen.

 

Ayer se difundió un informe del CEPA sobre créditos UVA. Los números son lapidarios. El importe de las cuotas se duplicó desde su lanzamiento, hace dos años. Sin embargo, los montos adeudados, lejos de reducirse, crecieron. Ahora subieron la tasa de referencia y todo indica que en breve resultarán más caros que las hipotecas tradicionales. Los que accedieron a ellos, inquilinos sin chances de comprar de otra manera por su bajo scoring, atraídos por  requisitos más flexibles, sienten el peso de una realidad cada día más amenazante. Como en la novela de John Steinbeck.

 

El factor cultural. En los países llamados centrales, con economías estables, hay pocos propietarios. No porque no puedan comprar, al contrario. La vivienda allí -puede ser Nueva York o Finlandia- no es un issue. Quien puede ahorrar, invierte en activos más rentables que ladrillos.

 

Nosotros tenemos el modelo opuesto, en buena medida heredero de la tradición española, donde la propiedad inmueble lo es todo y da lugar a un monumental negocio de usura y abuso, imposible sin la connivencia del estado y su ausencia de regulación. Pero, como dice Murphy, lo que puede salir mal sale mal. Entonces, cuando cunden los “desahucios” -desalojos, en criollo-, los desahuciados se organizan, te sale un 15M y luego un “Podemos”. La salida política por izquierda en el país menos pensado.

 

Canosos e imberbes. A eso, los argentinos debemos sumarle episodios de las últimas décadas como el Rodrigazo o la 1050, que hicieron que los compradores terminaran pagando varias veces el valor original de su propiedad. Cabe preguntarse quién se quedó con esa diferencia. En un país con tendencia a la alta inflación, el acceso al crédito de largo plazo se torna complejo y el techo propio pasa de sueño a obsesión… Obsesión de unos, negocio de otros.

 

Los canosos, con todos estos recuerdos vividos u oídos innumerables veces de los relatos de nuestros mayores, intentamos proteger a los imberbes, muchas veces en vano. Ellos son el principal target de la gran campaña de marketing y publicidad: jóvenes ansiosos por lograr su primera vivienda, con muchos años de trabajo por delante y buena capacidad de repago. Los deudores perfectos.

 

Ladra, tiene cuatro patas y mueve la cola (pronto sabremos si es un perro). Es sabido que el mercado inmobiliario tiene ciertas particularidades. Si se inyectan fondos en la demanda, sin ningún tipo de regulación adicional, la oferta intentará apropiarse del excedente por la vía de aumentar los precios. Lo sabemos los ciudadanos de a pie, lo saben mejor que nosotros los economistas del gobierno.

 

El disparador de estas líneas no fue el informe del CEPA, sino la propia comunicación del Banco Ciudad, principal entidad financiera del sector público local. El video que loopea en las pantallas de las salas de espera es groseramente honesto. Los créditos UVA no se otorgan ni para comprar lotes ni para construcción. Sirven para unidades terminadas o en pozo, a medida de los intereses de desarrolladores e inmobiliarias. Un pase de manos del dinero público a bolsillos privados, con breve escala en los deudores.

 

Las operaciones inmobiliarias suelen estar encadenadas. Gente que vende para volver a comprar, generalmente por motivos familiares vinculados a la necesidad, no al lucro ni la especulación. En el primer eslabón de esta cadena está el beneficiario del UVA, que compra un mono o dos ambientes y llega con lo justo a pagar comisión, escritura, etc. Las recientes turbulencias en el mercado de divisas hicieron que compradores con UVA otorgado, boleto firmado y fecha cierta de escritura debieran cancelar la operación, porque sus UVAs  compraban, a la nueva cotización, menos dólares que unos días antes. Luego, las demás compraventas asociadas, siguieron cayéndose por efecto dominó.

 

Otros dos datos cubren del gris oscuro nuestro cielo: propiedades que no se vendieron en meses se republican, pero en vez de bajar de precio, suben diez o quince por ciento y el Banco Hipotecario que, según anuncia hoy La Nación, se desprende de su cartera de préstamos hipotecarios, para no terminar como Leman Bros. en 2008…

Por cortìa, no desarrollamos las posibles consecuencias que el ataque de Trump a Siria tendrá sobre el precio del petróleo en un país que no regula el precio del combustible.

 

Carpe diem. El principal talento de este gobierno consiste en generar negocios privados con y a costa de fondos públicos y presentarlos como si fueran una política pública de contenido social. Los UVAs fueron, ayer nomás, el ancho de espadas con el que jugaron las pasadas elecciones legislativas. Hoy son la espada de Damocles que amenaza, más que al gobierno, a sus incautos beneficiarios.

 

Para los interesados en comprar propiedades, no hay mejor consejo que el del General: “desensillar hasta que aclare”. Para los vendedores, el consejo inverso: agarrar los dólares, aunque sean menos de los previstos. ¿Y después? Retomando a Steinbeck, un buen consejo es el que invita a comprar una camioneta, acondicionarla como motorhome y salir a recorrer el país, con o sin perro. En tiempos de crisis civilizatoria, un techo con ruedas vale más que un techo fijo.

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