Zama o no Zama, esa es la cuestión…

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Hace –mucho- tiempo que una película argentina no despierta un debate intelectual tan apasionado como la última obra de Lucrecia Martel. Parece obligatorio pronunciarse, a favor o en contra, porque para nosotros, parece, todo sirve a la hora de producir grietas. Una película de autor que trasciende el ghetto es algo para respetar.

 

A esta altura de su carrera, nadie desconoce el estilo de Martel. Y Zamba es, por donde se lo mire, un típico producto Martel. La velocidad, la fotografía, los silencios, tiene el mismo ADN que “La ciénaga”, “La niña santa”  y “La mujer sin cabeza”.

 

¿Respeta el espíritu de la novela original? Tendría que terminar de leerla antes de responder, pero la película tiene el mérito enorme de haber rescatado del olvido a un enorme escritor. ¿Cuántos argentinos, aún amantes de la literatura, habíamos accedido a la obra de Antonio Di Benedetto? Pocos, muy pocos. La película, más allá de sus aciertos y errores, funciona como una gran reparación y reivindicación de este mendocino, docente, periodista y preso político. Ya es mérito suficiente para ponerla a salvo de muchas críticas.

 

La potencia de ambos Zamas es el absurdo. Lo que exponen con toda crudeza es la arbitrariedad, lo ridículo del poder colonial, de esa estructura jerárquica en la que los de arriba disponen caprichosa y discrecionalmente del destino de sus subalternos. Son portadores de un poder que es a la vez ilusorio, porque sólo manda al interior de las aldeas que pomposamente llaman ciudades. Fuera de ellas, mandan los vándalos o los aborígenes, los otros.

 

Diego de Zama es el burócrata que dio el mal paso, porque en un punto su carrera gris se tuerce, se desvía. Desde entonces, una sucesión de equívocos y azares lo arrastra cuesta abajo –o río abajo- hasta dejarlo, en la escena final, vagabundo y mutilado. Desclasado, ni más ni menos.

 

Por último, de no ser por Martel, por Di Benedetto y por Zama, ¿qué oferta de cine nacional tendríamos en cartelera? ¿La cordillera? ¿Alguna de Suar o Francella? Una película de autor que trasciende el ghetto es algo para respetar.

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